Todo apunta a un plan ejecutado con frialdad. Cuidado hasta el más mínimo detalle y con una premisa clara: la venganza. Miguel Ernesto Suárez tal vez pecó de confiado y cayó en la trampa. Pagó con su vida no haberse dado cuenta que ya era momento de decir no. Todo esto es lo que piensan los policías y hacia donde está encaminada la investigación por el crimen descubierto el viernes al mediodía en un hotel ubicado en la zona de Las Talitas y por el cual, en los primeros minutos de ayer, se detuvo a una mujer.
Suárez, un joven de 31 años, dividía su tiempo entre el precario taller de chapa y pintura que había montado en la parte de adelante de su casa en el barrio Padilla, y los trabajos como striper privado que hacía cada tanto. En pareja desde hacía tiempo, había sido padre hace seis meses. Todos en su casa sabían que sacaba provecho de sus tardes en el gimnasio. El no ocultaba que durante muchas noches era contratado para bailar en despedidas de solteras y fiestas especiales. Pero -explicó un amigo que habló con LA GACETA- siempre aseguró que lo hacía profesionalmente y que no tenía contacto íntimo con ninguna de sus clientes.
Hasta que desde hace un par de meses comenzó a recibir amenazas. Le advertían que no continuara con una relación clandestina ya que lo pagaría con su vida. Suárez también le contó esto a su familia, pero negó que estuviera saliendo con otra persona, explicó uno de los investigadores. Pero aparentemente una de las que había sido su clienta estaba obsesionada con él, y lo llamaba a toda hora, proponiéndole encuentros. El novio de esta joven sería quien comenzó a amenazar el striper.
El encuentro
Un amigo afirmó que Suárez había decidido cortar todo tipo de relación con su clienta. "Se estuvieron mandado varios mensajes (de texto) y quedaron en encontrarse en el hotel. Varios sabíamos esto", le dijo el hombre a LA GACETA. Poco antes de las 23.30 del jueves Suárez y su acompañante llegaron en una moto a la Posta de los Arrieros, ubicada a la vera de la ruta 9. El dio el nombre falso de Juan Castro y pidió una habitación. Le dieron la 112, ubicada a unos 70 metros de la recepción. Suárez le había dicho a su pareja que tenía que trabajar y no dio más explicaciones. Afuera de la habitación no se escucharon gritos ni detonaciones. El viernes a las 10, el encargado llamó por teléfono a la habitación y no le contestaron. Golpearon la puerta y tampoco hubo respuesta. Hasta que lograron acceder con una llave maestra. Suárez estaba desnudo, con la mitad del cuerpo en la cama y el resto colgando hacia el piso. Le habían dado un tiro en la nuca con una pistola calibre 22. Los policías encontraron una vaina servida.
Suárez no se defendió. Los investigadores creen que podría haber estado durmiendo o inconsciente por efectos de alcohol o de alguna droga. En la habitación no había ninguna señal de violencia. Su compañera había desaparecido. Nadie sabe cómo, pero aparentemente la habían estado esperando en la ruta en un vehículo. Junto al cuerpo había una nota inquietante: "esto te pasa por meterte con la esposa de un policía".
La pareja de Suárez, al advertir que no había regresado, se preocupó y llamó a hospitales y a comisarías. Incluso, a las 10, fue hasta la División Homicidios para preguntar si alguien sabía algo de su marido. Casi en ese mismo momento encontraban el cuerpo.
No declaró
Personal al mando del comisario Miguel Gómez pudo por fin identificar a la misteriosa mujer con la que Suárez había llegado al hotel. Ayer la presentaron ante la fiscala Teresita Marnero. Su abogado, Roberto Blasco, aseguró que la joven se abstuvo de declarar. "Lo hará durante esta semana y simplemente manifestara que es ajena a todo lo que antojadizamente se le imputa", indicó el letrado. "Hasta ahora las cosas que se están barajando son conjeturas. Veremos los resultados de las pericias, a las que tendremos acceso durante la semana", agregó.
Fuentes judiciales aseguraron a LA GACETA que el dermotest había dado positivo, o sea que la sospechosa tenía restos de pólvora en las manos.
Pero el caso aún no está esclarecido. Según los policías, la mujer tuvo la complicidad de su novio, un joven de doble apellido dueño de un gimnasio y que dice ser instructor de artes marciales. A él lo estaban buscando anoche, para lo cual se habían solicitado varios allanamientos, pero el hombre, de unos 38 años, había desaparecido. Tampoco se encontró ningún arma.
Los investigadores están seguros de que la nota que dejaron junto al cuerpo fue sólo para despistar. Que no hay ningún policía involucrado. Lo que aún no pudieron determinar es si la joven actuó sola en el hotel (el habría querido cortar la relación y ella se resistía) o en algún momento dejó pasar a su novio, que la ayudó. De lo que están seguros es de que la pareja confabuló contra el chapista. Que lo traicionaron y lo mataron.