Una de la expresiones que ha hecho camino al andar en los últimos lustros en nuestro país es "no se puede". A ella se agregan otras como "no, es muy difícil", "no lo creo", "hay que tener mucha voluntad", "es para gente muy inteligente, no para mí". Cuando una tarea nos presenta alguna dificultad que requiere un esfuerzo se echa mano a algunas de estas frases.

Sin embargo, hay personas que por una razón u otra, poseen una discapacidad y paradójicamente son capaces de superarse y obtener a veces resultados que los individuos sin esas limitaciones no logran. Es el caso de Lucrecia Jordanoff, una joven de 18 años, que acaba de concluir el secundario como abanderada del colegio Presentación de María, de Villa Carmela. La noticia no sería tal si no fuera que a ella le faltan los brazos y tiene una pierna más corta que otra. Su mamá recordó que a los tres años ingresó al jardín de infantes del colegio del cual acaba de egresar, y desde entonces participó en todos los actos escolares, bailó, cocinó en los talleres de arte culinario y aprendió a tejer al crochet y a dos agujas.

La muchacha, que vive en el Barrio Vial II con su madre y sus dos hermanos, contó ni aún siendo pequeña se sintió una persona rara o discriminada. "Será porque mi mamá me enseñó desde un comienzo a manejarme sola. Ella me decía ?las cosas se hacen así; ahora vos fijate cómo las podés hacer?. Así aprendí a cocinar, a bordar, a tejer, a escribir en computadora... todo lo hago con los pies, que son como mis manos", le contó a nuestro diario. La joven que, aspira a estudiar Ciencias Económicas y a vivir sola, se moviliza en una silla con motor provista por el PAMI.

Hace pocas semanas comentamos en esta columna la buena noticia de las transformaciones en la vida de aquel joven que había quedado cuadripléjico una década atrás como consecuencia de un accidente. Adrián Pasteris transcurrió nueve años en la desesperanza, condenado a permanecer inmóvil en una cama, hasta que por gestión de un grupo de legisladores locales, el titular del Centro Argentino de Medios Alternativos de Comunicación (Camac), le instaló una computadora que, gracias a un comando de voz, le permitía realizar varias funciones: subir y bajar la cama, encender el televisor, prender y apagar las luces y llamar por teléfono, entre otras cosas. Fue el momento de empezas a vivir de nuevo. La entrevista que le hizo nuestro diario en 2009, en la que la que el joven relataba las penurias que le causaban la parálisis y la indiferencia social, movilizó a varias personas. Le montaron una computadora especial con la que podía conectarse a internet. Actualmente, tiene su propio blog y mantiene una columna radial sabatina. Le han ofrecido hacer videos para músicos ingleses y colabora con una asociación bancaria de otra provincia en la construcción de piletas adaptadas para discapacitados. En este caso, la tecnología le cambió una vida de postración y lamento.

En el caso de Lucrecia, su discapacidad no fue obstáculo para convertirse la mejor alumna de su colegio, mientras que Adrián necesitaba el empujón de la sociedad para iluminar su vida con esperanza. En ambos casos, el afecto de los seres queridos y el apoyo de quienes los rodean fueron fundamentales para que salieran adelante en sus vidas. Al mismo tiempo, ellos, como otras tantas personas en situaciones similares, muestran una vez más a sus congéneres que es posible sobreponerse a las mayores adversidades sobre la base de la voluntad y de la confianza en sí mismos. Actitudes como las de ellos deberían ser un estímulo para superarse y derrotar la cultura cotidiana de la queja y del "no se puede", que cuenta con muchísimos adeptos. Sería bueno entonces aprender de ellos, para quienes la vida es un desafío y una superación constantes.