La ausencia de respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias es una de las definiciones de la intolerancia, que ha sido una compañera desdichada -también temible y mortal- de los hombres a lo largo de los siglos. Siempre hubo sociedades -afortunadamente cada vez menos- donde distintos regímenes de gobierno -monarquías, dictaduras- se dedicaron a perseguir y a exterminar a los opositores o a quienes no pensaban como ellos, con el argumento de que representaban un peligro para los intereses de una causa o que sus opiniones de tono destituyente (palabra que se puso de moda recientemente en la Argentina) atentaban contra el gobierno circunstancial.
El Premio Nobel de la Paz comenzaron a entregarse en 1901. Varias entregas causaron escozor en los países de los que eran oriundos los galardonados porque estaban gobernados por regímenes totalitarios como cuando le otorgaron la importante distinción en 1980 a Adolfo Pérez Esquivel por su compromiso y lucha por la defensa de los derechos humanos. Este año, el Comité Nobel noruego le otorgó la distinción a Liu Xiaobo, intelectual y activista pacifista chino, de 54 años que en la actualidad cumple en la cárcel una condena de 11 años, acusado de "subversión del poder del Estado" luego de la publicación del manifiesto pacifista "Carta 2008", en el que se reclama la atención a los derechos humanos y a la libertad de expresión y a elecciones democráticas.
China acusó al comité de representar a los intereses de las "arrogantes" naciones occidentales que buscan imponer sus ideas en un mundo poco receptivo. "Nos oponemos firmemente a que ningún país o persona utilice el Premio Nobel de la Paz para interferir en los asuntos internos o para violar la soberanía legal de China", indicó el gobierno. Impidió que Xiaobo fuese a recibir el lauro, así como su esposa que se halla detenida en su domicilio. En solidaridad con China y por mantener fuertes vínculos comerciales, no asistieron al acto en Oslo representantes de Rusia, Kazajistán, Túnez, Arabia Saudita, Pakistán, Irak, Irán, Vietnam, Afganistán, Venezuela, Egipto, Sudán, Cuba y Marruecos.
Esta es la segunda vez en la historia que no se hace efectiva la entrega del Nobel de la Paz a su ganador ni a un representante. Curiosamente, la anterior fue en 1936, cuando Adolf Hitler impidió al pacifista alemán Carl von Ossietzky ir a recibir el premio.
"Vislumbro el día en el que mi nación sea un país con libertad de opinión, donde la expresión de cada ciudadano sea tratada por igual, donde distintos valores, ideas, creencias religiosas e ideas políticas puedan tanto competir entre sí como coexistir pacíficamente, donde las opiniones tanto de la mayoría como de la minoría sean garantizadas por igual, y donde en especial las posturas políticas, que difieren de las que imperan en las instancias del poder, se respeten y protejan, donde todas las visiones políticas sean extendidas bajo el sol para que las personas elijan dónde cada ciudadano puede expresar sus opiniones sin miedo, y donde nadie padezca bajo ninguna circunstancia persecución política, porque haya expresado opiniones políticas diferentes", dijo Liu Xiaobo en su alegato final durante su proceso judicial.
Como siempre, los argumentos de quienes gobiernan por la fuerza y el temor suelen ser débiles. Si se tiene la razón y se gobierna con transparencia y justicia cuál es el temor de un régimen tan poderoso a admitir la disidencia y no castigarla. Sucede que los poderosos tienen miedo de que conozcan sus miserias e hipocresías, como está ocurriendo también con Wikileaks y Estados Unidos. "No hay ningún poder que pueda frenar el anhelo de libertad de las personas", escribió Liu Xiaobo. La historia seguramente le dará la razón.