El mundo de Antonio Berni, así como su obra, se han constituido en este país desde hace mucho en foco de interés de la crítica y de la investigación. Sea porque mucha opinión lo considera el artista argentino de la modernidad, porque a lo largo de su extensa trayectoria ha incursionado en estilos diferentes experimentando con variadas técnicas y géneros; porque no se desconoce su enorme compromiso político y su relación con las vanguardias artísticas, o porque, sencillamente, ha creado obras que ya están incorporadas a la historia del arte, incluso internacional. La bernimanía tuvo una de sus máximas expresiones a mediados de la década del 90, cuando una exposición antológica en el Museo Nacional de Bellas Artes fue visitada por decenas de miles de espectadores. Y este año, en el marco del Bicentenario, el mismo museo presentó otra exposición de iguales características. Parecería que siempre hay algo nuevo que decir de Berni.
La compilación de Cristina Rossi aspira, precisamente, a proponer otras miradas sobre su obra, partiendo de que la obra no es solo un objeto sino "un acto de lectura" (Harold Bloom dixit). Los trabajos reunidos aquí fueron preparados cuando el Centro Cultural Rojas de la UBA organizó una actividad para conmemorar en mayo de 2005 los 100 años que el artista hubiera cumplido en esa fecha.

Múltiples enfoques
En la decena de artículos que contiene el libro, el lector podrá abordar el mundo y arte de Berni desde distintas plataformas. Guillermo Fantoni, en particular, estudia minuciosamente sus primeros pasos en París, sus relaciones con las estrategias del Partido Comunista, y las influencias que ejercieron en él el poeta Louis Aragon así como el mexicano David Siqueiros.
El Nuevo Realismo está planteado en una tensión permanente con el llamado "realismo socialista". El texto de Roberto Amigo puntualiza el análisis de sus obras de los años 30, en particular Manifestación (1934), Desocupación (1934) y Chacareros (1936), donde lee imágenes que están alejadas de la propuesta de un "sujeto revolucionario", pero que dialogan con los debates internos de la época en el Partido Comunista, del que era un militante. Las mencionadas pinturas, que siempre han sido emblemáticas del arte político, aparecen, entonces, cuestionadas como tales, desde algún punto en este texto.
Isabel Plante investiga de qué modo París influyó en sus obras, y recuerda su vínculo con Pablo Picasso. Su participación en la creación de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, las discusiones entre el realismo y la abstracción y su crítica al denominado arte concreto, ocupan las páginas que escribe Cristina Rossi, así como Mario Gradowczyk recorre su paso del surrealismo al realismo político. Jorge Dubatti destaca su trabajo en la escenografía, principalmente, desde la concepción de ésta como espacio escénico. Y Silvia Dolinko resalta uno de sus aportes más reconocidos, la creación de los xilocollages, obras con las que ganó la Bienal de Venecia en 1962, y que surgieron de experimentar e indagar sobre el volumen en la estampa.
En los textos de Cecilia Rabossi hay un estudio especial sobre la asunción del artista de cierta iconografía religiosa, pero también de los mitos populares, a través de su conocida instalación de 1976 La difunta Correa. El particular interés de Berni sobre el arte textil y las mujeres repasa Adriana Beatriz Armando, recordando los óleos referidos al personaje de Ramona Montiel, como Ramona la costurera, un xilocollage de 1963.
De todos modos, en el libro -que tiene una cuidada edición y cuenta con abundante bibliografía y fotografías de obras- el ensayo tal vez más interesante lleva la firma de Eduardo Grüner. El sociólogo propone una lectura de los márgenes en la poética de Berni y, de manera peculiar, en sus composiciones de Juanito. "En muchas de las obras de Berni estos márgenes espaciales son los que complican el tema central: lo sutilizan, lo descolocan... y al mismo tiempo cargan a ese tema de una densidad mayor... En el cuadro Juanito con dos perros las ruinas, esos objetos-desechos, son la condensación de una sociedad toda ella organizada bajo la lógica de la producción del desperdicio, de objetos efímeros destinados a desaparecer en el consumo, frente a los cuales Juanito pasa como sin verlos, tan ajenos le son aún como basura". © LA GACETA