Por Marcelo Bátiz, Columnista de DyN

BUENOS AIRES.- 2011 puede tener un inicio muy parecido al que tuvo el actual, cuando la presidenta, Cristina Fernández, realizó una pomposa convocatoria a más de un centenar de empresarios.

Entonces, después de una hora de reiterar su habitual discurso sobre la marcha de la economía y las bondades del modelo, cerró su alocución con una frase que pintaba de cuerpo entero la inconsistencia de la convocatoria: "la idea es volver a reunirnos", señaló un 23 de febrero que no pasará a la historia.

En los casi 10 meses transcurridos sobraron oportunidades para concretar la idea. Pero fueron pocos los participantes de ese almuerzo en Olivos que estaban dispuestos a repetir una puesta en escena sin un argumento que la sustente. Esa ausencia de fundamentos es la que impidió que se concretara el deseo oficial de cerrar el año con la reedición de una vieja pasión argentina, el anunciado Acuerdo Económico y Social integrado por empresarios, sindicalistas y Gobierno. No fue otra cosa -obviando los temas judiciales y de la interna del PJ bonaerense- a la que se refirió Hugo Moyano a la hora de ponerle freno al convite. "Falta información", fue la elegante salida del secretario general de la CGT para dejar en claro que no está dispuesto a concurrir a una cita pour la galerie. No fue muy diferente la posición de la UIA al advertir que no estaba dispuesta a sentarse nada más que para discutir precios y salarios.

Así las cosas, y con una dirigencia con la cabeza puesta en las inminentes vacaciones, habrá que esperar a 2011 para que los protagonistas se avengan a posar para los fotógrafos. Pero, como en una partida de truco, ninguno de los tres jugadores mostrará todas sus cartas desde un inicio y, al revés de la metáfora presidencial de la perinola, cada uno querrá que sean los otros dos los que carguen con la responsabilidad de poner.

La dirigencia empresaria quiere que los sindicalistas moderen sus pretensiones de aumento salarial y reduzcan los niveles de conflictividad en algunos sectores. Y que los gobiernos (nacional y provinciales) no recurran al ajuste fiscal para que cierren las cuentas. Diciembre es el mes en que las provincias aprueban sus presupuestos y en algunas ya se decidieron aumentos en Ingresos Brutos e Inmobiliario. Algunas tomaron la delantera y no tienen que subirlos, porque ya lo hicieron el año pasado o en 2008.

En cuanto al orden nacional, el reclamo del ajuste por inflación en Ganancias amenaza con volver con nuevos bríos. El cuadro se completa con los constantes tironeos de la agroindustria respecto de las idas y vueltas en materia de criterios utilizados para el comercio exterior, en los que Guillermo Moreno es apenas el blanco más visible de una línea de funcionarios que, a la hora de preocuparse por los precios, se empecina en colocar el carro delante de los caballos.

El gremialismo, más allá de su buena relación con el Gobierno, no pierde de vista dos cuestiones: la elevación del mínimo no imponible de la cuarta categoría del impuesto a las Ganancias y alzas salariales que contemplen la verdadera inflación. La primera no puede desligarse de la segunda, porque el piso del gravamen queda cada vez más bajo, ya que el Gobierno no resuelve actualizarlo. Sin embargo, en el segundo aspecto, el sindicalismo apuntan la mira más hacia las empresas que hacia los despachos oficiales. Habría que preguntarse si todos los empresarios de los países que no tienen inflación se pusieron de acuerdo para ser buenas personas, o si las razones de las subas de precios hay que buscarlas en otro lado.

Quizás ese planteo lleve a un endurecimiento de las relaciones entre la CGT y el Gobierno.