La madera y el metal parecen ser los protagonistas casi excluyentes del XXXIX Salón de Tucumán, especialidad escultura, que esta noche a las 20.30 se inaugurará en el Museo Timoteo Navarro.
Las 40 obras seleccionadas (sobre un total de 50 presentadas) ofrecen un panorama parcial de la producción nacional y local. Parece acentuarse aquí -en general- una concepción tradicional de la escultura que reniega de la experimentación artística; incluso, en algunos casos, el tiempo parece haberse detenido hace décadas. Pero con la particularidad de que se puede ver un conjunto de piezas de muy buena factura.
El primer premio, "Memorias puestas afuera", de Cecilia Teruel, es un ejemplo de ello: con el algarrobo entrelazado construye abstractas formas, con nudos de tensión que abrazan la misma estructura. El dominio de la materia por la artista es claro y notable, puesto que la hace desarrollar un dibujo contrario a su propia naturaleza (un desafío similar se puede ver en "Tiempo de nacer", de Fabián Nanni).
A pocos metros, impacta la figura de Rodolfo Abella ("¿Cuál es la danza?"): el artista talla un rostro compacto de madera, pero con un cuerpo realizado con troncos de Amaicha del Valle que dejan ver el interior de esa representación, como si se tratara de la fibra misma de ese cuerpo. Precisamente, la antinomia entre interior y exterior parece recorrer gran parte de las piezas en la sala.
El díptico escultórico de Enrique Salvatierra ("Africamérica", segundo premio) es otra de las obras que se destacan en este panorama: la talla directa sobre madera está recubierta con cuero de cebú en dos objetos que hablan bastante de esta mezcla de culturas. El Premio Bicentenario Banco Santiago del Estero correspondió al salteño Martín Zambrano Echenique, por "Abismo de mar", una pieza que bien puede describirse como un ensamble de otros objetos de metal para construir un pez.
En el medio cuerpo de Jorge Lobato Coronel ("La conciencia") también se puede apreciar el destacado modelado en yeso patinado, y si se observa con atención se verá el detalle de las orejas de la figura esculpidas como un Sagrado Corazón. La estructura de hierro de María Canovas plantea una estilizada figura plateada, y en "Culturas antiguas", de Patricia Nader, el trabajo con el vidrio se hace presente, al igual que en las figuras de Silvia Castro Méndez. También llama la atención "Pez pájaro", de Pilar Velasco, construido con hierro soldado.
En otra dirección
Pese a que el salón se inscribe en un marco convencional, hay propuestas que escapan de él: el blanco carrito de desechos, por ejemplo ("Un largo camino a casa" de Roberto Aguilera Vizcarra); o "Ama de casa", de Eugenia Bulacios Zamora, una escultura blanda que busca su propio espacio en algún rincón, como cumpliendo una penitencia. En un sentido similar se dirige "Quiero otro sanguche de milanesa", de Sandro Pereira (resina poliester policromada), la muy buena pieza de Mario Díaz Alvarez y "Henry, un perrito familiar", de Pablo Córdoba.
Las 40 obras seleccionadas (sobre un total de 50 presentadas) ofrecen un panorama parcial de la producción nacional y local. Parece acentuarse aquí -en general- una concepción tradicional de la escultura que reniega de la experimentación artística; incluso, en algunos casos, el tiempo parece haberse detenido hace décadas. Pero con la particularidad de que se puede ver un conjunto de piezas de muy buena factura.
El primer premio, "Memorias puestas afuera", de Cecilia Teruel, es un ejemplo de ello: con el algarrobo entrelazado construye abstractas formas, con nudos de tensión que abrazan la misma estructura. El dominio de la materia por la artista es claro y notable, puesto que la hace desarrollar un dibujo contrario a su propia naturaleza (un desafío similar se puede ver en "Tiempo de nacer", de Fabián Nanni).
A pocos metros, impacta la figura de Rodolfo Abella ("¿Cuál es la danza?"): el artista talla un rostro compacto de madera, pero con un cuerpo realizado con troncos de Amaicha del Valle que dejan ver el interior de esa representación, como si se tratara de la fibra misma de ese cuerpo. Precisamente, la antinomia entre interior y exterior parece recorrer gran parte de las piezas en la sala.
El díptico escultórico de Enrique Salvatierra ("Africamérica", segundo premio) es otra de las obras que se destacan en este panorama: la talla directa sobre madera está recubierta con cuero de cebú en dos objetos que hablan bastante de esta mezcla de culturas. El Premio Bicentenario Banco Santiago del Estero correspondió al salteño Martín Zambrano Echenique, por "Abismo de mar", una pieza que bien puede describirse como un ensamble de otros objetos de metal para construir un pez.
En el medio cuerpo de Jorge Lobato Coronel ("La conciencia") también se puede apreciar el destacado modelado en yeso patinado, y si se observa con atención se verá el detalle de las orejas de la figura esculpidas como un Sagrado Corazón. La estructura de hierro de María Canovas plantea una estilizada figura plateada, y en "Culturas antiguas", de Patricia Nader, el trabajo con el vidrio se hace presente, al igual que en las figuras de Silvia Castro Méndez. También llama la atención "Pez pájaro", de Pilar Velasco, construido con hierro soldado.
En otra dirección
Pese a que el salón se inscribe en un marco convencional, hay propuestas que escapan de él: el blanco carrito de desechos, por ejemplo ("Un largo camino a casa" de Roberto Aguilera Vizcarra); o "Ama de casa", de Eugenia Bulacios Zamora, una escultura blanda que busca su propio espacio en algún rincón, como cumpliendo una penitencia. En un sentido similar se dirige "Quiero otro sanguche de milanesa", de Sandro Pereira (resina poliester policromada), la muy buena pieza de Mario Díaz Alvarez y "Henry, un perrito familiar", de Pablo Córdoba.