A Luisito hay muchos motivos para recordarlo. Su voz, su inconfundible voz grave y parsimoniosa saliendo al aire por Radio Nacional. Su admiración por la cultura francesa y por su lengua, que fueron los íconos de su vida. Y además, porque era un tipo muy activo, que siempre estaba haciendo más de una cosa. En el teatro, había un género que lo atraía, que era el teatro infantil. Tenía una gran sociabilidad, era destacado en las reuniones por su humor y por su bonhomía; era una persona cálida y afectuosa. Últimamente, lo recuerdo bien, porque trabajamos en "El piano mudo", haciendo un personaje que le calzaba a la perfección, como anillo al dedo, porque hacía de un francés. Lo hizo con un gran amor, un trabajo en el que puso mucha entrega. Me conmovió ver sobre su féretro, una distinción que la República Francesa le había otorgado y de la que hablaba con mucho orgullo. Luis era un ser muy prolífico y muy querible. Su ausencia ocupará el lugar equidistante que su intensa presencia tuvo para el mundo de la cultura.