El campo tucumano es tan fértil como el interior lo es a las aspiraciones reeleccionistas del gobernador, José Alperovich. Bien temprano, como marca la costumbre de tierra adentro, el último mes del año se despabiló con la novedad de que el poder central mantendrá el arrendamiento de suelos ajenos. Dicho en lenguaje de ciudad, el Gobierno sostendrá el cobro de los tributos inmobiliarios de cada comuna rural, y retendrá los fondos coparticipables de esas administraciones para garantizar que allí, en donde las manos de la Casa de Gobierno no pueden digitar, lo único que se torne imprevisible sea el clima.
Claro que las medidas no son nuevas. Pero sí tienen la patente alperovichista. Hace casi una década que el gobernador empezó a "caminar" el interior. En rigor, el gobernador hizo surcos de tanto andar. Como buen arrendatario, avanzó parcela por parcela: en 2001, sembró una senaduría nacional; en 2003, obtuvo la gobernación; y en 2007, desmontó todo el campo: reelección, récords de votos y posibilidad de un nuevo mandato en 2011.
Riego constante
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. Y Alperovich siguió a libro cerrado esas premisas. El grano que primero germinó fue el del Pacto Social, mediante el que los intendentes regalaron su coparticipación al Gobierno a cambio del pago de sueldos. Desde hace casi siete años que ninguna designación de empleados en el interior se hace sin que tenga primero la aprobación de la Casa de Gobierno.
Pero el alperovichismo diversificó sus cultivos. De la "paz social" pasó a los fondos fiduciarios municipales para obras públicas, que administra la Caja Popular de Ahorros y cuyos montos se desconocen. En realidad, lo que no se sabe es cómo se distribuyen, cómo se ejecutan y cuándo se rinde cuentas. Sino, basta con preguntarle al único intendente opositor, el radical Luis González, que un par de veces se retobó ante el Ministerio del Interior. Y que de repente sintió el miedo de que el mal clima le aguara los cultivos. Es que esa es otra de las características del alperovichismo arrendatario: reparte las semillas y las abona según donde quiera que prendan.
El riego permanente es otro de los secretos oficialistas. No pasa semana sin que el gobernador supervise el estado de los sembradíos del interior. Pero como buen administrador, el alperovichismo recurre al riego por goteo. Como si Tucumán ya no fuese húmedo sino árido, el Gobierno trocea las raciones al interior. Antes de un nuevo envío de dinero, los intendentes y los comisionados deben justificar qué hicieron con la anterior remesa. En rigor, ni siquiera definen cómo encarar las obras para sus pueblos: el dinero del interior se administra en la ciudad, con la excusa de optimizar los fondos públicos.
Suelos arados
Al final, el alperovichismo actúa como un pool de siembra. Asume para sí las producciones del interior sin mayores tapujos, porque cuando en 2007 la Legislatura estableció que Rentas de la Provincia cobraría los tributos en nombre de las comunas, se pautó que lo recaudado se redistribuiría de inmediato y sin descuentos. Al final, eso no fue así. Porque antes de poner en vigencia esa "tercerización", el Ejecutivo dispuso que si él cobraba, él disponía de la plata.
En las vísperas del año en el que buscará su tercer mandato consecutivo, el alperovichismo ya dijo cuáles serán las reglas. En realidad, anticipó que se mantendrá el arrendamiento vigente desde 2003: las comunas rurales no tendrán necesidad de presentar sus presupuestos anuales, sus recursos les serán administrados por un tercero y las obras que quieran ejecutar, cómo las puedan realizar y cuándo sea oportuno hacerlas, también será decidido en la Casa de Gobierno.
En realidad, nadie duda de que el campo ya fue arado, lo que aún falta conocer es cómo será la cosecha alperovichista.