Cambios en los comportamientos de compras, advertencias de que se vienen nuevos aumentos de precios. Algunos anticipos no son alentadores para los consumidores, empresarios y el Gobierno. En el mes de mayor consumo, el empuje de la inflación puede dar otro salto y terminar por esterilizar balances, previsiones y reivindicaciones obtenidas. Los datos del costo de vida en Tucumán que escruta la Dirección de Estadísticas están bien guardados, pero se sabe que hasta octubre rendía un 21%, casi el doble de la medición del Indec que se toma como referencia.

¿A cuánto llegará hasta fin de año? Y, entonces ¿qué se espera para 2011? Los valores en expectativas son clave para recalcular previsiones, gastos y compromisos. Los expertos ya advirtieron que la inflación en el próximo año estará en torno de un 30%, aunque no se espirilizará. De todos modos es un índice que no se registraba en años. "Nosotros esperamos una señal de la Nación; sabemos que pedirán una pauta de incrementos en los salarios entre el 16% y el 18%; si fuera así, no tendríamos problemas con las finanzas". La definición de un hombre del Gobierno anticipa la inquietud oficial por un tema que ya se pasa de castaño oscuro. El temor se instala también por los efectos que pueden generar los $ 2.000 millones que la Provincia, organismos nacionales y el sector privado pondrán en la calle durante diciembre para pagar salarios y aguinaldo. Se instruirá a la Dirección de Rentas para que sus inspectores escruten comercios y súper en la búsqueda de remarcaciones y abusos.

Un mayor compromiso del Gobierno nacional, más allá de la convocatoria que realizó la Presidenta Cristina Kirchner a empresarios y sindicalistas para enfrentar la situación vendría en el camino adecuado para acallar las expectativas inflacionarias. Los matarifes que operan en Tucumán relatan que el consumo de carne cayó un 50% en los últimos diez meses. "Los cortes subieron entre un 15% y un 20% promedio y en estas semanas se sintió la poca oferta de hacienda que se viene dando; claro que se afectó el consumo", explica uno de los proveedores. Así, los supermercadistas certificaron una modificación en las conductas alimentarias.

"En épocas de calor, el consumo de las pastas decaía siempre, pero ahora no se ve eso. Compran más fideos o ravioles que carne porque no subieron tanto", explica un integrante del sector. La carne y el azúcar son los alimentos que más dolores de cabeza provocan. Nadie habla de desquicios, pero es cierto que las ventas no se incrementaron lo suficiente para emparejar el desbalance y que la caída del poder adquisitivo se hace notoria. Perdida la credibilidad en los índices oficiales, el humor y las actitudes de la gente deberían ser suficiente para que aparezca una reacción de responsabilidad.