Finlandia es un país situado al norte de Europa, que limita con Suecia, Noruega y Rusia. Su clima es muy extremo: el invierno es la estación más larga del año y durante seis meses las temperaturas rondan los 20 grados bajo cero. Las noches ocupan casi todas las horas del día y las ciudades y bosques se sumergen en la nieve antes que comience la Navidad. Esta vida marcada por las estaciones convierte a los finlandeses en un pueblo reflexivo por naturaleza. Y eso es justamente lo que mostró la agrupación coral e instrumental Sävelvakan, que el jueves presentó un concierto de música y canciones navideñas en el flamante auditorio del Instituto Superior de Música de la UNT.

La velada, que por cuestiones de organización comenzó con media hora de atraso, reunió a una gran cantidad de público que desbordó la capacidad de la sala. De hecho, muchos debieron presenciar de pie el concierto que, a pesar de todo, se vivió casi como una fiesta familiar; una reunión que por momentos transportó al público a las frías tierras finlandesas, en un clima de celebración navideña a la usanza nórdica: con nieve y frío, a pesar del agobiante calor que reinaba en el atestado auditorio.

Una de las integrantes del grupo, que hablaba español, hizo de presentadora y acompañó la interpretación de los temas con explicaciones sobre la vida y las costumbres de Finlandia. La apertura estuvo a cargo de una de las jóvenes integrantes, que tocó en el piano una pieza de Jean Sibelius, el compositor finlandés por excelencia, llamada "Abeto". Luego, por medio de la proyección de imágenes en una pantalla, otro de los integrantes del coro explicó la simbología del abeto, considerado el árbol nacional. Y mostró cómo, en el invierno y durante la víspera de Navidad, los abetos son talados y llevados al interior de las casas para ser adornados con velas y guirnaldas de colores. "El abeto siempre es verde y, cuando está dentro de las casas, se descongela y libera todos sus aromas. El abeto impregna nuestros sentidos en Navidad", comentó.

Emoción y melancolía

Luego, el coro interpretó una seguidilla de canciones clásicas finlandesas sobre la Navidad y la paz. El repertorio, prácticamente desconocido en estas latitudes, osciló entre lo festivo y lo melancólico y estuvo atravesado siempre por el invierno y el cambio de las estaciones. Algunos de esos temas eran canciones muy antiguas, y otras, oraciones de alabanzas a Dios. Hacia el final del concierto se interpretó el tema "Mi tributo", en español, un clásico europeo. Y le siguió, también en español y en noruego, la famosa "Noche de paz". Para este tema se sumaron al coro no sólo los músicos sino también algunos niños, integrantes de la agrupación.

El cierre fue con "El camino de tu voluntad", un tema muy emotivo ya que fue compuesto por la misma agrupación en homenaje a su fundadora, que murió de cáncer el año pasado.

Niina Maria Ruoho acompañó al piano y dirigió al grupo en algunos temas. Explicó que la Navidad es un tiempo de reflexión y solidaridad, que renueva el alma de los hombres. Y el concierto que el grupo brindó el jueves, sin estridencias y con una técnica depurada e impecable, provocó el mismo efecto que la Navidad. O, mejor dicho, anticipó la celebración del Nacimiento de Cristo de una manera poco vista en Tucumán: con bellas canciones y mucha camaradería.