Un caso testigo
Mario Valero es un estudiante universitario "crónico" de la carrera de Diseño Gráfico. Oriundo de Jujuy, vive en Tucumán desde hace más de 10 años, y no consigue graduarse porque afirma que mantenerse económicamente siempre le llevó buena parte del tiempo que debía destinar a los estudios. Sin embargo, en el último par de años logró volver a imprimirle ritmo a su alicaída carrera, gracias al teletrabajo.
"En un viaje que tiempo atrás realicé a Europa, tuve la oportunidad de conocer gente muy copada, y quedamos en contacto a través del Messenger, y luego de Facebook. Dado que estos amigos sabían que yo me dedico al diseño, me pusieron en contacto con empresas de Inglaterra, que eventualmente podían requerir de mis servicios. Al poco tiempo, me llegó un mail con una propuesta para elaborar un logotipo; les envié un par de alternativas y esta gente quedó muy conforme. De inmediato me pagaron el trabajo -en euros- a través de un depósito en mi cuenta bancaria", explicó Mario a LA GACETA. Según Valero, en el teletrabajo freelance tiene vital importancia el "boca a boca", la promoción que un cliente satisfecho hace ante otros empresarios que podrían requerir servicios similares.
"Un cliente trajo otro, y luego apareció otro, y hoy tengo agenda completa; trabajo para el exterior, no tengo horarios ni jefes, y cobro rigurosamente en euros valores muy superiores a los del mercado local. Más no puedo pedir", comenta. Aclara, sin embargo: "probablemente nada de esto habría sucedido si yo no hablara, escribiera y entendiera perfectamente el inglés, y si no tuviera un manejo óptimo de la computadora y de los programas de diseño, que se actualizan en forma permanente".
"Otra cosa -añade-, es que con los europeos no se jode; los trabajos deben ser impecables, perfectos, y entregados en los plazos establecidos. Así funciona esto".