CONCEPCION.- Las patotas de jóvenes que acechan durante las noches de los fines de semana por las calles de Aguilares, se han transformado en una verdadera pesadilla para los vecinos de esa ciudad.
En la madrugada del lunes, los cuatro integrantes de la familia de un farmacéutico por poco terminan carbonizados cuando un grupo de muchachos incendió el auto que se encontraba en el garaje de la casa en que viven.
El hecho se produjo alrededor de las 6 en el inmueble ubicado en calle Diego de Villarroel 746, a dos cuadras de la comisaría de ese municipio. En la casa de otro vecino, la misma patota intentó quemar otro vehículo, pero el siniestro fue controlado a tiempo.
El farmacéutico Enrique Sanagua, su hijo médico (del mismo nombre), una hija y una nieta, descansaban en la planta alta de la vivienda cuando el auto Peugeot 405 de su propiedad comenzó a ser dominado por las llamas. Algunos vecinos escucharon el alboroto de varios muchachos que, al parecer iban por la calle en estado de ebriedad. Luego se alarmaron al percibir un fuerte olor a quemado y enseguida vieron una espesa humareda que comenzaba a salir de la casa de los Sanagua.
"Me desperté sobresaltado ante los fuertes golpes que daban contra la puerta de casa. Era un sereno que trabaja cerca de una oficina municipal y otra gente que intentaban despertarnos de todas las formas posibles", comentó el hombre, muy angustiado por lo que le había sucedido. "Todos ya estábamos sufriendo un principio de asfixia por el humo que había llenado los dormitorios. Por suerte nos despertaron a tiempo y salimos como se pudo, tambaleando y empujándonos entre nosotros", agregó el farmacéutico.
Los vecinos lograron sacar con mucho esfuerzo del garaje el auto que estaba envuelto en llamas. Los bomberos se encargaron de evitar que el incendio se propague hacia el resto de la vivienda. "La gran suerte fue que no explotó el tanque de gas. De lo contrario todos íbamos a terminar carbonizados", apuntó Sanagua.
Los vecinos de la zona aseguraron que el episodio es el último de una serie protagonizada por las patotas que salen de los bailes en las madrugadas de los fines de semana. "Aquí no hay control de nada. La Policía, al parecer, no alcanza a controlar tantos desbordes o no se preocupa por hacerlo. La cuestión es que los malvivientes orinan los frentes de las casas, destrozan vidrios y puertas de los frentes y deambulan haciendo tiros al aire o amenazando a la gente", afirmó indignada la vecina Aurora Díaz. "Creo que ya es tiempo que se ponga freno al vandalismo. Si este hecho no terminó en tragedia fue por una cuestión providencial", remarcó Sanagua, mientras miraba.
La Policía informó que el origen del incendio es investigado, al igual que los autores del hecho. Sin embargo, hasta anoche, no había ninguna pista que permitiera identificarlos. (C)