Un personaje de la novela "El gatopardo", escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, dejó expresiones que se incorporaron al imaginario popular y político: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie"; "una de esas batallas que se libran para que todo siga como está". El gatopardismo se aplica a aquellos políticos que reforman una parte de las estructuras para conservar el todo sin que nada cambie realmente. Ello pareciera ocurrir con varios de los problemas crónicos de los tucumanos, como sucede con los taxis.
Presionados por una parte de la sociedad y con el objetivo de ordenar el desaguisado que existían con taxis y remises ilegales, el 11 de abril de 2006, el Concejo Deliberante creó el Servicio Unico de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa). En ese momento, se dijo que el sistema era incompatible con la Ley Nacional de Tránsito, que establece 10 años de antigüedad para el transporte de pasajeros. Transcurrieron pocos meses para que se confirmara esa observación.
En la sesión del 3 de agosto de ese año, el Concejo aprobó una norma que concedía mayores facilidades a los taxistas y remiseros ilegales para poder ingresar en el Sutrappa. La ordenanza permitía que circularan legalmente, por lo menos, 830 autos de alquiler de más de 14 años de antigüedad. A tres meses de la puesta en funcionamiento del nuevo sistema, continuaban circulando autos en estado deplorable; la mayoría carecía de mantenimiento, lo que significa un riesgo para la vida de las personas. El sistema había sido diseñado para 6.200 vehículos, pero se vieron obligados a inscribir cerca de 8.000 automóviles. En la actualidad, el Sutrappa ha otorgado más de 7.500 licencias, de las cuales el 95% son permisos provisorios y un 5%, definitivos.
Poco tiempo después de la creación del servicio, el Concejo concedió prórrogas, perdonó antigüedades vencidas, con la promesa de los taxistas de que se pondrían en regla. Tanto fue así que una de las frases más escuchadas y menos convincentes a los largo de estos cuatro años es: "Esta es la última prórroga". En junio pasado, los ediles flexibilizaron nuevamente la ordenanza del Sutrappa. El mismo presidente del cuerpo legislativo, dijo que poco se avanzó en la regulación del Sutrappa. A comienzos de 2010 los concejales ya habían aprobado una prórroga para que los rodados modelo 1997, 1998 y 1999 siguieran circulando hasta el 31 de diciembre. Todo parece indicar que la moratoria se renovará cuando se llegue a esa fecha.
La realidad muestra aún muchos vehículos viejos, sucios, con los asientos y ventanillas rotas, con cinturones de seguridad inservibles o cochambrosos; es muy difícil encontrar un auto con aire acondicionado. Cuando caen algunas gotas desaparecen de las calles. Algunos discapacitados apelan a su ingenio: para lograr algún taxi se detenga: se esconde y le pide a cualquier persona que le haga señas a un auto de alquiler, de manera que cuando este se detenga, no tenga excusas para negarse a trasladarlo.
La única víctima de los servicios públicos que no siempre funcionan como exigen las normas, es el usuario, que debería ser el protagonista principal de estas historias porque los mantiene con su bolsillo, por ejemplo, sin pasajeros no existirían taxis ni ómnibus. ¿Por qué en ciudades como Rosario, Córdoba, Mendoza o Buenos Aires se cumple la normativa a rajatabla y en Tucumán no se puede nunca?
Los intereses creados deben ser importantes para que en cuatro años no se haya podido regularizar este sistema. Alguien que fue tres veces presidente de los argentinos decía que cuando no se quiere resolver un problema se debe armar una comisión que se ocupe de él. Esta realidad tucumana parece darle la razón.