Afirma que el Mercosur comenzó a morir cuando el bloque priorizó lo político en desmedro de lo comercial. Y advierte que los piquetes sobre los puentes que unen Argentina y Uruguay, en contra de la pastera ex Botnia, colaboraron a que la relación entre ambos países no sea la mejor. El ex presidente de Uruguay Luis Alberto Lacalle Herrera llegó ayer por segunda vez a Tucumán. Había venido el 9 de julio de 1991, para participar de los actos por el aniversario de la Independencia. En esta ocasión, disertó en la cena que dio la Fundación del Tucumán para celebrar sus bodas de plata.
Antes, visitó LA GACETA, donde fue recibido por el secretario general de Redacción, Carlos Abrehu.,"Lo mejor para que las naciones se entiendan es el comercio. La plata no tiene color ni olor. Para Uruguay, yo quiero exportaciones y libertad de comercio, para que, con el trabajo, mi gente se haga más rica y próspera. Con los gobiernos izquierdistas vino el Mercosur político: ahí empieza la discrepancia", señaló. A su criterio, "ningún bloque de países -ni siquiera la Unión Europea- puede funcionar". Pero criticó en particular el Mercosur, del que fue presidente fundador junto con Carlos Menem, Fernando Collor de Melo (Brasil) y Andrés Rodríguez (Paraguay). "Los intereses nacionales siguen siendo muy fuertes. Uruguay no puede estar sometido a la mayoría brasileña o a la argentina. No es nuestra historia; nacimos a pesar de los vecinos", dijo. Y criticó la creación de la Unión de Naciones del Sur (Unasur): "tenemos institucionalitis".
A esos argumentos le sumó una fuerte crítica al presidente de Venezuela, Estado en proceso de incorporación al bloque. "Metimos a (Hugo) Chávez donde no tiene nada que hacer. Si bien el tratado invita a todos los países, tiene racionalidad geopolítica, dada por los ríos que forman un árbol cuyo tronco es el Río de la Plata: lo que esos ríos riegan tiene racionalidad geopolítica. Falta Bolivia", arguyó.
Sociedad mesurada
Lacalle Herrera sostuvo que la mesura uruguaya, que permite que sus ex presidentes mantengan una relación de armonía más allá de las diferencias políticas, tiene sus raíces en la estructura de partidos, que prácticamente nacieron con la nación, y a la reforma educativa de 1875. "José Pedro Varela, el responsable de la reforma, se encontró en Estados Unidos con (Domingo Faustino) Sarmiento. La escuela laica, gratuita y obligatoria, desde 1875, es base de la sociedad uruguaya. Eso y nuestros partidos, que son los más viejos del mundo. El Partido Nacional (nació) el 10 agosto de 1836; y el Colorado, al mes siguiente. Son cortes verticales de la sociedad, lo que alienta la movilidad vertical y la integración. Son las varillas de acero dentro de una columna de hormigón: no se ven, pero están; y le dan esta flexibilidad y fortaleza", describió.
No obstante, aclaró que este devenir de desarrollo sufrió dos interrupciones en décadas recientes.
"En 1963, con los tupamaros, empieza la destrucción del sistema; por influencia maldita de Fidel Castro, el hombre más importante, para mal, de la segunda mitad del siglo XX en América. Su veneno fue agarrado por los tupamaros que derrocaron un Gobierno democrático. La Policía y el Ejército les ganaron la guerra sucia en mayo del 72. (Pero) ahí los militares, dijeron ?por qué no nos quedamos?... y se dan los 12 años malditos de dictadura: 12 años de silencio para los partidos", afirmó.
Sin embargo, pese al pasado tupamaro del actual presidente de Uruguay, José Mujica, Lacalle Herrera tuvo buenas consideraciones hacia este, aunque criticó su partido, el Frente Amplio. "Él está entre la duda existencial y un sentido realista; les dijo a los funcionarios cosas que nadie se atrevió: ?deben trabajar, la gente les paga el sueldo con los impuestos?. Pero, después, el Frente lo tira hacia atrás; él se trata de despegar, y no puede. En el discurso de asunción habló en contra de la lucha de clases. Yo noto rispideces entre la fuerza política y el Presidente", sugirió.
Respecto de la relación con la Argentina, el ex presidente uruguayo fue contundente. "A las líneas de conflicto naturales, como los puertos y canales, se agregó el episodio de los puentes: un conflicto gratuito, fuera de libreto. Una vergüenza para la Argentina, porque violaba todas las normas. Se le hizo mucho daño a Uruguay y a la vecindad. Tendríamos que llevarnos mucho mejor; la gente quiere llevarse mucho mejor", señaló.
Finalmente, destacó la dinámica del Congreso argentino. "Se vio la necesidad de que participe la oposición, es mucho mejor el disenso, dentro de las normas, que la aprobación de leyes sin debate y por mayoría absoluta", indicó. Y lamentó que no haya aún más diálogo entre los sectores: "pensé que ante la muerte del ex presidente (Néstor) Kirchner, la presidenta (Cristina Fernández) llamaría a la oposición y haría borrón y cuenta nueva".