Todos los grandes movimientos sociales y políticos aspiran a tener un origen mítico. Ese pasado se bucea a partir de hechos y protagonistas que superan lo contemporáneo a partir de un concepto de trascendencia a un futuro impreciso e inexorable. Así, lo acontecido y quiénes fueron sus principales actores se transforman en intocables e indiscutibles, porque cuestionarlos sería ir en contra de la historia colectiva.

El diccionario de la Real Academia Española de Letras define la palabra mito (en su primera acepción) como "narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad". Se apoyan en símbolos, cuya manifestación visual son desde mojones con nombres propios hasta las más diversas imágenes de los héroes a quienes jamás se debe olvidar ni dejar de rendir honor.

El peronismo fue jalonando su construcción de poder (sea cual fuese el grupo que lo detente operativamente) con momentos que aspiran a dejar fuera del debate: Juan Domingo Perón como patriarca generoso desde el terremoto de San Juan; el 17 de octubre como movilización espontánea del pueblo en la calle; Eva Duarte como mártir; el regreso del Perón anciano como pacificador del país, y algunos más. No es exclusivo del PJ: el radicalismo también intentó llevar sus relatos a ese nivel, como con la Revolución del Parque de julio de 1890, embrión de la UCR; Leandro Alem que se quebró antes de doblarse; Hipólito Yrigoyen silencioso que construyó el primer partido moderno de la Argentina; el insobornable y digno Humberto Illia y Raúl Alfonsín como hidalgo de los derechos humanos, con el intento frustrado de protagonizar el tercer movimiento social (tras Yrigoyen y Perón), en los albores de la democracia.

En esta lógica del mito se inscribe la elaboración discursiva de la vida y obra de Néstor Kirchner, apoyada entre la denominación de calles con su apellido y hasta la parición de distintos grupos militantes que toman sus banderas, especialmente entre la juventud justicialista. Este es el objeto específico del accionar kirchnerista, motivado desde la Casa Rosada con la decisión de consolidar la gestión y garantizar su continuidad por otro período.

Para demostrarlo, el Día de la Militancia será un acto kirchnerista antes que peronista. Antes del próximo 17, se instalarán carpas en la Plaza de Mayo y para en esa jornada se prevé una gran concentración en Ezeiza, con Cristina Fernández como oradora central y la imagen simbólica de su esposo fallecido detrás del palco, junto con otros emblemas del PJ. Allí se pasará lista de quiénes están y quiénes no. A los primeros, la recepción oficial; a los otros, el desierto final.

El sitio elegido no es casual. A Ezeiza llegó Perón ese 17 de noviembre de 1972, en su ansiado retorno al país tras el exilio (fue en un año previo a la tristemente famosa masacre). Así, los K toman prestado un lugar emblemático para cimentar su propia mitología.

Dudas
Muchos no saben qué hacer ni cuánto exponerse, ante la inquietud íntima de si no es el momento de comenzar a transitar su derrotero individual y no quedar en la segunda o tercera fila kirchnerista. Otros no expresan duda y siguen encolumnados fielmente, como Stella Maris Córdoba, a quien la Presidenta le encomendó mayores responsabilidades en la Cámara de Diputados, en un encuentro personal este lunes.

Al mismo tiempo, José Alperovich estaba reunido con las principales espadas económicas y financiaras del gabinete, Julio de Vido y Amado Boudou. Pensar que sólo se habló de números es reduccionista, ya que la política está siempre presente. Y las exigencias de lealtad manifiesta, también.

Alperovich no se excluirá del arco oficialista, aunque afloran las tentaciones del Peronismo Federal para que enfríe la relación. No quiere que nadie ponga en tela de juicio su fidelidad pero no hay precisiones aún de cómo debe manifestarlas. En este momento delicado tan perjudicial puede ser sobreactuar sentimientos y compromisos como reprimir las manifestaciones.

El abanico quedó expuesto ayer, cuando el gobernador habló de que CFK está muy dolida pese a que no la vio personalmente. Trascartón, reivindicó el rumbo nacional y aseveró que no habrá cambios, lo que nadie puede asegurar con certeza. Luego recibió al mandatario salteño Juan Manuel Urtubey, quien aclaró que no es el tiempo de hablar de candidaturas y hay que darle margen a Cristina Fernández para que tome decisiones.

El gobernador vecino ansía, en silencio, ser la síntesis entre kirchneristas y peronistas federales, como cabeza de la nunca concretada Liga del Norte que ideó su coterráneo Roberto Romero. Como para demostrarlo, dijo que hay un solo peronismo y minimizó las diferencias internas.

De la muerte del ex presidente se desprende una certeza: el proyecto kirchnerista de control del poder sin límite (con la aspiración a la sucesión consecutiva de Cristina y Néstor) ahora tiene el tope temporal de un período más, en caso de la eventual reelección de la Jefa de Estado si decide presentarse en 2011 (como todo lo indica). El modelo K se piensa hasta 2015, ya que Máximo puede llegar a ser un heredero, pero no inmediato. Algunos de los que apoyan a la mandataria hoy lo hacen pensando para dentro de cinco años.