"¿Querés sentarse vos aquí?". La respuesta en forma de pregunta lo dejó sin palabras y sólo atinó a mirar al piso. Sus compañeros, -más de 20 que lo rodeaban-, compartieron el sentimiento. Pero, al igual que él, sabían que no estaban en condiciones de confrontar. La Policía es una entidad verticalista, y el que está arriba de todos es el que, al final, siempre tiene la razón. Por eso el esbozo de queja, que en realidad era un signo de preocupación, lo llevó a formular una pregunta que todos habrían querido hacer pero que tal vez por prudencia o por temor, otros habían evitado. El, tímidamente, levantó la voz y preguntó: "jefe, ¿qué pasa que no nos entregan los autos que están en el playón de la Jefatura?. A todos nos piden más prevención, la gente llama a cada rato para que atendamos sus problemas y aquí hay más de 60 autos que deberían estar patrullando en la calle". Hugo Sánchez no se anduvo con vueltas. Sus mismos subalternos saben que hay temas que lo sacan de las casillas y sin eufemismos invitó al comisario general, jefe de una de las regionales más importantes de la provincia, a tomar su lugar. Por supuesto, nadie se movió de su silla y todo siguió cómo si nada hubiera pasado.

Se viven tiempos de incertidumbre dentro de la fuerza policial. Es sabido que la llegada de fin de año potencia los delitos. Pero en esta oportunidad un sentimiento de vacío se hace cada vez más fuerte entre los propios jefes de la fuerza. Y eso se nota. Muchos, al ser consultados, advierten que hay problemas de conducción. Pero no se refieren únicamente a Sánchez o al subjefe, Nicolás Barrera, sino en general. No le han encontrado la vuelta a una tendencia cada vez más peligrosa: la de los policías que lo único que quieren es cumplir lo más rápido posible su horario de trabajo sin preocuparse por hacerlo bien. Y causan risa los comentaristas que advierten que todo es una consecuencia del bajo sueldo que cobran (algo que es real), ya que con el mismo criterio los médicos deberían negarse a atender a los pacientes o los maestros tendrían que enseñar que 2 + 2 es 5. Para todos ellos el sueldo es paupérrimo, pero eso no es justificativo.

La provincia recibió de regalo $ 30 millones de la Nación y puso en marcha el fastuoso programa de seguridad a través de cámaras de seguridad y sistemas de GPS, para cubrir cuadrículas. Pasó un mes del espectacular lanzamiento del proyecto, y hasta ahora nada cambió. Excepto la cara de los manifestantes que todas las semanas se congregan en la plaza Independencia y que son rigurosamente filmados con las siete cámaras que están instaladas en esa zona, no se sabe que el Gran Hermano haya evitado un atraco o un operativo para detener a un delincuente. La sola presencia del ojo vigía no asusta a nadie, si se sabe que por más que lo estén filmando no habrá reacción. Sin en el microcentro suceden estos hechos, ¿qué se puede esperar para la periferia? Al otro día que se inauguró el sistema de cámaras, desvalijaron un drugstore en la esquina de Maipú y 24 de Septiembre. El comisario Hugo Sánchez, jefe de Patrulla Urbana, admitió que allí debería haber habido un policía de custodia. No se sabe por qué no estaba. Este domingo entraron a otro local, en Crisóstomo Alvarez al 500. Los policías se enteraron cuando se hizo la denuncia. El viernes a la tarde asaltaron un local en San Juan al 500. "Por favor, no llamen a LA GACETA. No queremos que nos escrachen", pidieron los policías a las víctimas. Increíble. Les preocupa más al escarnio público que la suerte de las víctimas del atraco, que sintieron el frío de una pistola en la cabeza.

La noche de la reunión con las máximas autoridades de la fuerza, el jefe de Policía intentó además llevar algo de tranquilidad a la tropa. "No se preocupen que lo de los prontuarios no va a salpicar a nadie", les dijo con seguridad. Varios intercambiaron miradas. ¿Que les quiso decir? Evidentemente que por más que hubiera habido fiscales que no pudieron decidir el futuro procesal de un detenido por no tener una planilla de antecedentes confiable, el tema no le parecía importante. No lo toman así en el Ministerio Público, enmudecido por obra y gracia del presidente de la Corte, Antonio Estofán, ya que consideran que si los documentos que les envían desde la Policía están fraguados, van a terminar poniendo la cara ellos ante la sensación de inseguridad de la que tanto les gusta hablar a los funcionarios. Y entonces decidieron responderle a Sánchez con su misma receta. Si el jefe de Policía utilizó estadísticas para determinar que los delincuentes saben que a los 10 días de haber sido detenidos estarán en libertad, ellos respondieron (con una nota a Estofán), que la Policía investiga sólo en 1,42% de los delitos que se cometen en la provincia, y de los que se desconocen los autores. El mensaje tiene una doble lectura. El mismo gobernador José Alperovich había dicho que había que detener a los 500 delincuentes que cometen los robos en la provincia. ¿Y si hay otros 500 que la Policía no conoce?

Alperovich admitió en sus recorridas matinales que el tema que más le preocupa es el de la inseguridad. Así se lo hacen saber los vecinos cada día. Pero mientras las quejas se repiten, en la sede de calle Italia al 2.600 están más preocupados por los preparativos del festejo para el Día de la Policía que en sacar a la calle los patrulleros que se están llenando de tierra en la misma jefatura para que, como mínimo, con presencia se frustren algunos robos.