El gaucho está parado en el centro del escenario y recibe los aplausos. Pero él no es la estrella. Son aplausos prestados. Y sí, las cosas cambian. Por eso, Ciro Arias reflexiona ante el micrófono: "antes decían: ahí viene el Ciro a cantar y la trae a su hija. Ahora dicen: ahí viene Paola Arias y lo trae al tata". El Teatro San Martín se colmó con la voz amplia y potente de la intérprete salteña. Frente a una platea repleta -en la que se destacaban los familiares y los amigos- presentó su último disco -"Quédate conmigo"- acompañada por don Ciro.
Tras un video introductorio (quizás un poco largo) en el que se sucedían imágenes de Paola acompañadas por una voz en off que contaba su historia (comenzó a cantar a los 11 años y ya tiene cinco discos editados), ella recurrió a "Lavanderas del río Chico", una zamba del "Cuchi" Leguizamón, para meterse a la audiencia en el bolsillo. Eso sí: hay que decir que a pesar de que el público fue muy entusiasta, le faltó educación. Hasta bien entrado el recital seguía llegando gente que se acomodaba en la platea. Esto obligaba a otros a levantarse para dejarlos pasar, lo cual molestaba a los que habían sido puntuales. En un festival esto no es un problema, pero en un teatro la cosa cambia.
Repiques y contrastes
Tras interpretar "Quédate conmigo", un gaucho apareció en el escenario y se ganó los aplausos. Ciro, el padre de Paola, la acompañó en una hermosa interpretación de "Luna cautiva". Luego quedó solo sobre las tablas y arremetió con un set lleno de criollismo: "Milonga de amor y cuerda", "Huelleando ausencias", de Mariano Coll, y "Cuando me acuerdo de Salta", del "Chango" Nieto.
Una mención especial merece la percusión. Durante todo el recital el encargado de la batería, del bombo y de la caja fue Gastón, un chico de 13 años que forma parte de la banda que acompaña a Paola. Mientras Ciro estuvo en el escenario, Ciro Joaquín, su nieto, le dio a los parches.
Cuando todo hacía prever el regreso de Paola al escenario, el estruendo de los bombos copó la sala. Un conjunto de bombistos (varones y mujeres) del ballet El Arriero invadieron el escenario y ofrecieron una exhibición de destreza y ritmo. Para destacar: las chicas zapatearon tan bien como los varones y uno de ellos acompañó el ritmo de los bombos golpeando las boleadoras en el escenario.
Paola volvió a escena y se produjo un contraste: las canciones románticas (por momentos hacían pensar más en Pimpinela que en una intérprete de folclore) apagaron la efervescencia que habían despertado las zambas y las chacareras de Ciro y la potencia de los bombistos.
De todos modos, la cantante se encargó de volver a encender la llama. Con "Camino del monte", "Un verano cualquiera" y "El humahuaqueño" le llovieron los aplausos. Y el cierre fue a pura fiesta: "La sachapera" levantó al público de sus asientos e hizo del San Martín algo parecido al predio de un festival.