Después del silencio, lo que más ayuda a expresar lo que no puede ser expresado es la música. Y la cantautora Georgina Hassan lo sabe muy bien. Por eso, en la intimidad de El árbol de Galeano, brindó el jueves un concierto atípico, repleto de silencios, poemas y otras melancolías.
La velada comenzó a las 22.30. Un público mayormente joven fue recibido por una guitarra y un cuatro venezolano -una "pequeña guitarra" de cuatro cuerdas- que esperaban solos en el escenario. Unos minutos mas tarde ingresó Hassan. El público la saludó con un cálido aplauso y ella respondió con una sonrisa. Sin decir una palabra, tomó su guitarra y comenzó a cantar.
"Fui a Fonte", una canción anónima -como explicó después Hassan- sirvió para comenzar a despertar los oídos y las emociones que rondaron por la pequeña sala. "Es la primera vez que vengo a Tucumán", dijo al finalizar el primer tema. Y agregó: "hoy es un día raro, fuerte". "No sabíamos si venir, pero sentimos que cada uno tiene que seguir con sus tareas", reconoció la artista cuando explicó su decisión de actuar a pesar del duelo nacional por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner.
De amores y tributos
Hassan decidió continuar su show con el rosario de canciones que integran "Como respirar", su segundo álbum. Y lo matizó con anécdotas que permitieron al público zambullirse en los sentimientos que dieron luz a las canciones. "A 'Espiral', la compuse un otoño en el que sentí que tenía que recuperarme de una tristeza", explicó. "Cartas al abuelo", en cambio, es un tributo a ese hombre que tanto quiso. De este modo, la tristeza y el afecto, entre otros sentimientos, se mezclaron con melodías que se acercaron mucho al folclore, pero también se calzaron el traje de otros géneros.
"Doña Pasión", "Tierra movida", "El agua y la noche" -poema de Juan Ortiz, que Hassan dedicó al poeta tucumano Pablo Dumit-, "El niño duerme sonriendo", de Atahualpa Yupanqui y "Amores bailando", de Isabel Parra, siguieron el derrotero que la artista transitó con nostalgia pero con gran encanto porque -según dijo- son temas que simplemente le encanta interpretar en cualquier escenario.
Hacia el final de la presentación, Hassan desplegó sus alas e inició un vuelo por géneros representativos de distintos lugares del mundo. Así, de "Párpado de agua" (un tema con estribillo en euskera que dedicó a su otro abuelo, el vasco), pasó a "Primera vista", una canción con ritmo carioca; para terminar con "Té de manzanilla", zamba de su propia autoría. "La llorona" y "Décimas" fueron las canciones que Hassan eligió para coronar la noche. "Gracias por ser la otra parte", dijo, y después de unos chistes y agradecimientos anunció que "Sapo", canción de origen venezolano, iba a ser la última de la noche.
El público, educado, escuchó atentamente el tema y por un momento dejó que la artista se despidiera de la manera que más le gusta: con una balada nostálgica, llena de matices y frases sugestivas. Fue casi como un saludo susurrado al aído. Pero el clima se rompió cuando un intrépido de la platea pidió a viva voz un par de bises y todos se le unieron en coro. "Bueno, soy así de fácil", dijo ella, riéndose. Y entonces, eligió el tema "Círculo", de Kevin Johanssen, para anunciar el segundo final, aún sabiendo que no sería la despedida definitiva. Aplausos y ovaciones precedieron a otro amague que terminó con "Estrella", la tercera canción elegida para el bis. Y la tercera fue la vencida.
El show culminó como había comenzado: íntimo y melancólico. Pero la música siguió ahí, flotando embriagadoramente por el aire de El árbol de Galeano, mientras el público trataba de descifrar las consignas dejadas por la artista porteña. Porque el arte de la música es un hermano fiel del recuerdo, de la nostalgia y también del silencio.
La velada comenzó a las 22.30. Un público mayormente joven fue recibido por una guitarra y un cuatro venezolano -una "pequeña guitarra" de cuatro cuerdas- que esperaban solos en el escenario. Unos minutos mas tarde ingresó Hassan. El público la saludó con un cálido aplauso y ella respondió con una sonrisa. Sin decir una palabra, tomó su guitarra y comenzó a cantar.
"Fui a Fonte", una canción anónima -como explicó después Hassan- sirvió para comenzar a despertar los oídos y las emociones que rondaron por la pequeña sala. "Es la primera vez que vengo a Tucumán", dijo al finalizar el primer tema. Y agregó: "hoy es un día raro, fuerte". "No sabíamos si venir, pero sentimos que cada uno tiene que seguir con sus tareas", reconoció la artista cuando explicó su decisión de actuar a pesar del duelo nacional por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner.
De amores y tributos
Hassan decidió continuar su show con el rosario de canciones que integran "Como respirar", su segundo álbum. Y lo matizó con anécdotas que permitieron al público zambullirse en los sentimientos que dieron luz a las canciones. "A 'Espiral', la compuse un otoño en el que sentí que tenía que recuperarme de una tristeza", explicó. "Cartas al abuelo", en cambio, es un tributo a ese hombre que tanto quiso. De este modo, la tristeza y el afecto, entre otros sentimientos, se mezclaron con melodías que se acercaron mucho al folclore, pero también se calzaron el traje de otros géneros.
"Doña Pasión", "Tierra movida", "El agua y la noche" -poema de Juan Ortiz, que Hassan dedicó al poeta tucumano Pablo Dumit-, "El niño duerme sonriendo", de Atahualpa Yupanqui y "Amores bailando", de Isabel Parra, siguieron el derrotero que la artista transitó con nostalgia pero con gran encanto porque -según dijo- son temas que simplemente le encanta interpretar en cualquier escenario.
Hacia el final de la presentación, Hassan desplegó sus alas e inició un vuelo por géneros representativos de distintos lugares del mundo. Así, de "Párpado de agua" (un tema con estribillo en euskera que dedicó a su otro abuelo, el vasco), pasó a "Primera vista", una canción con ritmo carioca; para terminar con "Té de manzanilla", zamba de su propia autoría. "La llorona" y "Décimas" fueron las canciones que Hassan eligió para coronar la noche. "Gracias por ser la otra parte", dijo, y después de unos chistes y agradecimientos anunció que "Sapo", canción de origen venezolano, iba a ser la última de la noche.
El público, educado, escuchó atentamente el tema y por un momento dejó que la artista se despidiera de la manera que más le gusta: con una balada nostálgica, llena de matices y frases sugestivas. Fue casi como un saludo susurrado al aído. Pero el clima se rompió cuando un intrépido de la platea pidió a viva voz un par de bises y todos se le unieron en coro. "Bueno, soy así de fácil", dijo ella, riéndose. Y entonces, eligió el tema "Círculo", de Kevin Johanssen, para anunciar el segundo final, aún sabiendo que no sería la despedida definitiva. Aplausos y ovaciones precedieron a otro amague que terminó con "Estrella", la tercera canción elegida para el bis. Y la tercera fue la vencida.
El show culminó como había comenzado: íntimo y melancólico. Pero la música siguió ahí, flotando embriagadoramente por el aire de El árbol de Galeano, mientras el público trataba de descifrar las consignas dejadas por la artista porteña. Porque el arte de la música es un hermano fiel del recuerdo, de la nostalgia y también del silencio.