Le dio todo a Tucumán. Todo para que José Alperovich lograra consolidar su reelección, en 2007, y hasta le allanó el terreno para la re-re. Sustentado en el poder económico de una gestión que lo tuvo todo, Néstor Kirchner no tuvo reparos en enviarle a la provincia toda la plata que necesitó para hacer las obras más postergadas. Y en esto se inscriben dos de la nueva traza de la ruta nacional 38 y hasta el megaproyecto habitacional Lomas del Tafí. Esos emprendimientos públicos tienen el sello kirchnerista.
Al menos $ 28.000 millones de los casi $ 35.000 millones que Alperovich administró desde que se hizo cargo de la Provincia, en octubre de 2003, hasta nuestros días, correspondieron a recursos girados por la administración kirchnerista. Mucha plata para una de las provincias mimadas por la Casa Rosada. Tal vez esos afectos institucionales fueron la causante de los otros, el acercamiento político y la calidez kirchnerista, para que Alperovich ocupe un espacio importante en la escena política nacional. La discrecionalidad en el giro de fondos federales también formó parte de esa sociedad política. Y tal vez se mantenga porque Cristina necesita de José, como Alperovich de Fernández.
Hoy resulta imposible saber qué sucederá en el año electoral. Pero las probabilidades de que el gobernador siga al frente del Ejecutivo son tan altas como la herencia que le dejó el kirchnerismo a las arcas provinciales. Según algunos cálculos, se dispondrá de más de $ 500 millones -menos de los $ 1.134 millones de la ampliación presupuestaria que hizo el Ejecutivo para este año- para enfrentar un 2011 sin grandes contratiempos fiscales y haciendo la plancha desde el punto de vista político. Sin Kirchner en el tablero electoral, es poco probable que Alperovich pegue el salto a nivel nacional. Ya no tiene tanta banca como cuando fue "ungido" como probable compañero de fórmula por el santacruceño. Cosas del destino. Y de la política.
Las previsiones
En Tucumán, hay vida después de Kirchner. De hecho, Alperovich -durante los años de vacas gordas- consolidó la plataforma (entiéndase el seguro económico para hacer campaña) que lo transportará hacia la re-reelección en agosto del año por venir. Estaba previsto mucho antes del deceso de Néstor, porque Alperovich sabía que -con tanta virulencia política preelectoral- había que hacer un colchón para tener autonomía de vuelo. Tucumán la tiene, pero el piloto no se confía. Ahora es más incierto saber quién será el que estará a cargo de la torre de control institucional en Olivos o en la Rosada, después que los argentinos voten dentro de un año. Exactamente dentro de 365 días. Alperovich quiere seguir conduciendo el avión por cuatro años más, con todo el combustible que significa gestionar con plata en el bolsillo. Cuatro años, después de Néstor Kirchner.