Vive desde los 17 años en la Argentina, tierra a la que adoptó como patria. Compositor y clarinetista, Salvador Ranieri (1930, Arena, Italia) posee una larga y destacada trayectoria. Presidió muchos años la Sociedad de Compositores Unidos de la Argentina, y fue vicepresidente de Artistas Premiados Argentinos. Ha obtenido importantes galardones por su obra, como el Premio Casa de las Américas (Cuba), el Wienawski (Polonia) y el Cristóbal Colón (España). La música que incluye este CD, recrea un universo sonoro atonal. Sigue lineamientos del llamado dodecafonismo que toma cuerpo con la Escuela de Viena en la primera parte del siglo XX.
Ranieri construye estas piezas de cámara -excepto su Concerto Grosso- para distintos instrumentos apoyándose en una paleta rica en timbres, sonidos y ritmos. Su música bien podría ser incidental porque crea atmósferas de misterio, terror, vértigo, meditación, vacío, paranoia, soledad o muerte. En ese sentido, se destacan la Elegía para Bedri (canto, vibráfono, percusión, campanas y tam-tam), Vibraciones internas (oboe, violín, viola y chelo) y Diatriba (guitarra y flauta). Las composiciones exigen una gran destreza técnica y expresiva de los intérpretes. Una de las más logradas es la Elegía para Marito (clarinete solo), dedicada al jazzman Mario Cosentino, en la que el tucumano Guillermo Sánchez pone de relieve su excelente nivel como ejecutante. Las piezas de Salvador Ranieri pueden asociarse con paisajes nocturnos, inundados de grillos, murmullos, brisa, viento, sombras, aleteos de murciélagos. En definitiva, música para recrear la imaginación.