En una reunión que se efectuó el viernes en nuestra capital, y a la que asistieron los mandatarios de las provincias del noroeste, quedó formalizada la creación del Consejo de Gobernadores y de la Agencia Regional de Desarrollo. El primer organismo tendrá a su cargo la conducción política e institucional, y su presidencia será desempeñada en forma rotativa por los primeros magistrados de cada provincia. Respecto de la Agencia -financiada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo- su cometido consistirá en actuar como banco de fomento, buscando fondos para proyectos de inversión en la región.
En múltiples oportunidades, a lo largo de los años, hemos sostenido invariablemente el criterio de que la región noroeste debe operar en conjunto, como única vía para lograr resultados que dinamicen su desarrollo. Según lo expuso el gobernador José Alperovich en su discurso, los problemas de los estados de esta parte de la República son semejantes. "Durante décadas -dijo- fuimos castigados por la misma realidad de postergación económica, inequidad social e inserción periférica". La unidad histórica regional ya fue puesta de relieve -cabe recordarlo- por grandes tucumanos. Juan B. Terán la sostuvo de modo contundente hace más de un siglo, en 1909, al fundar su proyecto de Universidad. Afirmó entonces que el norte es "una unidad histórica" y que la región "en todo momento intervino con acción común en la evolución argentina". En efecto, "lo hizo durante la guerra de la Independencia; constituyó luego su autonomía el año 1820, con Santiago y Catamarca; durante diez años tuvo una dirección política única y fue en su consecuencia a una guerra internacional -con Bolivia- que sólo el norte soportó; el año 1840 constituyó la Liga del Norte contra Rosas. Y existe entre sus poblaciones un sentimiento indefinido, pero cierto, de afinidad: nada extraordinario sin duda, desde que lo explica la comunidad de la tradición histórica, del medio geográfico, de una estrecha semejanza étnica y de una evolución moral conjunta".
Que no puede discutirse la conciencia regional, lo mostró el hecho de que, desde la segunda mitad del siglo pasado, aquella se ha expresado en la creación de organismos diversos. Por una razón u otra, la tarea que se les asignaba quedó a medio camino. Esto aunque nunca se perdió la convicción de que el esquema era inevitablemente necesario. De allí que sea legítimo esperar que, esta vez, obtengamos la cohesión adecuada y el consiguiente logro de resultados apreciables. Será necesario para eso que, como lo puntualizó también Alperovich, funcione "con consensos y sin hegemonismos", de manera que se pueda establecer un programa realista de acciones.
Puesto que existen intentos anteriores que no funcionaron, parece indispensable remover ahora todos los obstáculos con los que ellos tropezaron, y que pudieron perturbar la acción regional. Es condición de eficacia para una tarea interprovincial, que la misma tenga la agilidad y la fuerza ejecutiva suficientes.
Como lo ha resaltado el gobernador de Santiago, es beneficioso ahora el hecho de que la Nación dé señales de apoyo efectivo al federalismo regional. Así pareciera indicarlo, además, la presencia del ministro de Relaciones Exteriores en la reunión que comentamos. Al Estado nacional, sin duda, le compete orquestar políticas que respalden enérgicamente el esquema de región. La acción conjunta es posible: la apoyan tanto los antecedentes del pasado como la realidad actual, que exhibe sobrados terrenos en los cuales el norte puede obtener, unido, lo que no ha de lograr de otra manera. Es necesario que esta instancia figure resueltamente en las prioridades de los gobiernos de la región, y que le presten, de aquí en adelante, la máxima atención.