Los mercados sufrieron el martes presionados por la guerra cambiaria; luego reaccionaron con demasiado optimismo sobre la recuperación en los países centrales. Los datos son mixtos y afectan a las ruedas; se exageró con los buenos resultados que -en realidad- muestran a las economías emergentes recuperándose lentamente y a las grandes quietas, sin solución al desempleo.
No se puede estimular y simultáneamente reducir los déficits, las políticas de cambio conciernen a todos y las Bolsas vienen adictas a la liquidez que aportaron los bancos centrales. El lunes China levantó sus tasas de interés en línea para mejorar -ligeramente- al yuan lo que reclama occidente para poder competir. Pero se orienta a lo inevitable: internacionalizar su moneda a partir de sus enormes reservas acumuladas. A este ritmo van a alcanzar antes al equivalente de la suma de los últimos déficits públicos anuales en EEUU de US$ 1,4 billón a septiembre y US$ 1,42 billón a septiembre de 2009. Estos pufos se agregan a los déficits comerciales y a la desocupación del 10%, que en ese país ya son una tenaza insoportable.
El gigante asiático -primer exportador del mundo- acorta el periodo previsto para compartir con el dólar -por su flujo de negocios globales- y va a pretender le paguen con yuan sus ventas y esta será una de las tres futuras divisas del comercio. En la semana mostró a los mercados la rapidez para tomar una decisión ejecutiva en un país no democrático.
Mientras unas naciones acumulan reservas otras vuelven a los déficits, las recientes emisiones de títulos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y pronto Santa Fe, marcan una tasa alta de dos dígitos que impacta en el fondeo privado y la relación entre los ingresos con recursos propios y los gastos por financiar. Esto solo puede encararse creando puestos de trabajo productivos, porque el gasto improductivo ya se disparó de nuevo.