La pelea entre los concejales de Yerba Buena oculta toda una maquinaria política detrás. Los ediles estaban divididos en dos grupos de cinco, pero como sucede en el boxeo, cada sector tenía su propio promotor.
En un rincón, el intendente, Daniel Toledo, auspiciado por el legislador Sisto Terán, buscó arrebatarle la presidencia del Concejo Deliberante a Ricardo Salomón para sentar en ese sillón a un hombre de su confianza. Y, en el otro, el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, movió los hilos para restarle poder al jefe municipal.
El ministro político convenció al alperovichismo de la necesidad de bajar una orden para que se vote sí o sí y, de ese modo, evitar una pelea más extensa que termine salpicando a la Casa de Gobierno. Ayer, el sector que responde a Toledo no le quedó otra opción que entrar al recinto y dar quórum -contra su voluntad- a sabiendas de que el desempate beneficiaba a Salomón.
El primer round lo ganó Jiménez. Pero, Toledo no se quedará de brazos cruzados. Sabe, ahora más que nunca, que sus adversarios políticos para la reelección no están en Yerba Buena, sino en la Casa de Gobierno. Esta vez, el gobernador, José Alperovich, dejó que subieran al ring, pero más temprano que tarde tendrá que tomar una decisión sobre quién será su verdadero púgil para lapelea de fondo en 2011.