"Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia". Un hecho contradice esos versos de Eduardo Mignona, a los que Litto Nebbia le puso música: el 17 de Octubre.

Nadie puede discutir lo que pasó el 17 de octubre. Esté ubicado en el costado ideológico que quiera, sea hombre o mujer, viejo o joven, obrero o empresario, jujeño o malvinense. Aquel 17 de octubre de 1945 los trabajadores tiraron el machete, apagaron la máquina de la fábrica, se subieron al tren o al ómnibus y se fueron a la plaza. Estaban dispuestos a dar la vida por Perón.

Hoy, además de ser el Día de la Madre, es 17 de octubre. ¿Qué significará ser peronista hoy?

En el acto surgen respuestas. Pero antes hay que consultar al menos a tres dirigentes con militancia y con más de 20 años de vida dentro del PJ. Porque aunque muchos detractores de la prensa de hoy piensan lo contrario, ningún periodista es dueño de alguna verdad; en todo caso, sólo es alguien que pide prestado ideas de distintos sectores y hace el esfuerzo -a veces bueno y otras malo- de contarlo. Sería más serio dar la identidad de ellos, pero piden la reserva del nombre. Entonces sí, se sueltan a hablar.

"El peronismo de hoy se convirtió en una franquicia". "No creo que nadie en el peronismo esté dispuesto a dar la vida ni por Perón ni por ninguno de los dirigentes que hoy están vivos o activos". "Ya no se da la vida por nadie"...

Desde hace 24 horas, la televisión y las tapas de algunos diarios de ayer muestran El Monumental como hace mucho tiempo no se lo ve: lleno, alegre, agitado y musical. Hugo Moyano lo hizo. Es cierto, no es una plaza, pero es la cancha de fútbol más grande del país, en la que más gente cabe. Es el 17 de Octubre modelo siglo XXI. Se adelantó para el viernes y se oyó un concreto pedido para que los trabajadores tengan un rol protagónico en los tres poderes del Estado. Moyano trazó una raya: hasta aquí somos un instrumento de presión, ahora queremos poder, vociferó.

El golpe que enmudece o sacude al televidente o al lector de diarios cuando ve semejante convocatoria no impacta en los peronistas. "Las concentraciones masivas de hoy son una demostración de poder, pero que quede claro, de poder económico. Significa que tiene plata para hacer cosas, nada más". "Ya no hay actos espontáneos".

-Bueno, pero en el 45 el tranvía, el ómnibus o los trenes eran gratuitos...

"Es cierto, pero se subía el que quería. El corazón, la identidad, las ganas, su idea de Perón o lo que fuera lo empujaba a treparse al transporte y se enorgullecía de llenar la plaza. Era espontáneo". "Fijate -se entusiasma el hombre que alguna vez tuvo un despacho en el Congreso- en aquella época no había carteles. No hacían falta. Hoy en los actos no importa que no se vea al orador. Es que lo que vale es que se sepa que el dirigente está presente". "Ves es lo que yo digo: lo único que moviliza a la gente es la selección", acota el tercer peronista que ya pasó por la Legislatura.

El acto o la movilización de Moyano es una síntesis. Es una foto de lo que pasa en el partido. A la hora de reformular las autoridades en el Justicialismo (¿peronismo?, ¿son sinónimos?) nadie se peleó con nadie. La lógica es que se hace lo que dice el gobernador; ni siquiera el presidente del partido. "Es que hemos perdido identidad o, mejor dicho, no la tenemos", dice el ingeniero, que nunca llegó a legislador. "Sabés qué pasa, cada vez somos menos", vuelve a la carga el de los carteles.

Llama la atención que en medio de la hegemonía que ha generado el "alperovichismo" (¿peronismo?, ¿son sinónimos?) un dirigente al que no le va mal diga somos menos. Después de indagarlo un poco parece que lo que siente es que lentamente su partido se ha ido quedando sin peronistas, es decir sin iguales que hacen política porque la sienten y no para enriquecerse. "Yo me siento invadido, no puedo hablar con todos de la misma manera, no todos son iguales". Después de oír esa frase se entiende porque aquel hablaba de la franquicia peronista.

¿Quiénes serán los invasores? Se entiende que los invasores no tienen identidad -ni la comprenden-. Se aprovechan del gran movimiento -palabra acomodaticia, si las hay, para la política- y construyen su poder a partir de la plata. José Alperovich es uno de esos.

A partir de allí se puede justificar el bolsón, que no hacía falta en el 45. Se pusieron recursos del Estado para los "cabecitas" negras, pero no mezquindades que actúan como carnadas casi extorsivas. Los bolsones anulan a los dirigentes. Ya no hace falta dialogar o conocer a fondo a un vecino; se necesita plata, bolsones que justifiquen ese diálogo. Salvo que sea un auténtico dirigente político que aprovecha el Estado para enseñar, construir, pensar y, de paso, gestionarse votos. Pero de esos quedan pocos.

Este sistema comenzó con el menemismo, en los 90; pero en el último tiempo se ha profundizado. Un listado de los patrimonios de los legisladores y gobernantes de la década del 80 haría esconderse a las actuales declaraciones juradas de políticos, como la del mismo Juan Manzur, que esta semana que comienza podría traerle problemas en la Justicia Federal.

Poco dulce

El ministro de Salud está más incómodo que el ingenio Ledesma ante los industriales azucareros de Tucumán a la hora de justificar algunos vínculos con "patota" Moreno. No se trata de esquivar el aporte del 6% de la producción, sino de evitar que, como siempre, el efecto dominó caiga contra los Tucumanos. Como hacía mucho no ocurría, la provincia se está haciendo respetar en materia azucarera. El Estado también colabora y se está preocupando por estas tierras, no como tantas veces en la que se olvidaron del federalismo y esperaron la orden del Presidente de turno.

Lo que pasa en la militancia de este 17 de octubre franquiciado también se repite desde el unitarismo de la Casa Rosada. En nombre de un falso federalismo, el gobernador de Tucumán viajó la semana pasada a Santa Cruz. No lo llamó la Presidenta por una cuestión que importaba o sacudía al país. Lo hizo su esposo -el diputado Néstor- para hablar de su cambio de domicilio y para presenciar cómo aflojaba su enojo con la Corte y con Daniel Scioli. ¿Cómo justificará el Estado tucumano este viaje que se habría hecho hasta Buenos Aires ya que después se subió a otra nave para llegar al sur? No hay justificativo, el decreto dice que viaja y no precisa ni adónde ni por qué. Es que el dinero no sólo hace al dirigente, también a la gobernabilidad.

Adelantados y caros

Ese modelo de gestión va haciendo cada vez más costosa la política. En la medida que los "invasores" se van consumiendo o desplazando a los políticos verdaderos aumenta el costo de la gestión política. Y Tucumán, que está acostumbrada a adelantarse a los fenómenos sociales respecto del resto del país, es una de las provincias en las que hacer política costaría más caro. Así lo reconocen algunos intendentes cuando calculan lo que van a gastar en la campaña y lo comparan con pares de otros distritos nacionales.

El efecto dominó no es exclusividad de la vida azucarera. Los radicales no tienen 17 de octubre y tampoco se asumen como movimiento. Sin embargo, los candidatos para los comicios del año que viene crecen como hongos en esta húmeda provincia. Ellos también están empezando a diferenciar los que entran a los barrios para acercarse al dirigente y los que ingresan con los bolsillos engordados porque el goce está en disfrutar de la política y no hacerse rico rápidamente. Es como subirse a un tren para llegar a la plaza porque el corazón se agita y bulle por un líder, o esperar que alguien ponga unos pesos en el bolsillo o un bolsón por el dinero, y nada más.

Dos formas de llegar al poder; dos tiempos diferentes. Tres peronistas temerosos del presente. Una misma verdad. Un 17 de octubre más.