Fue una fiesta distinta. No sólo porque el Septiembre Musical cumplió sus primeros 50 años, sino porque el encuentro tuvo marcados contrastes. Hubo un notorio regreso a las fuentes; es decir, a los ideales que generaron esta fiesta en los años 60. Pero también se registraron improlijidades que conspiraron contra el éxito de una fiesta ya legendaria.
Para empezar, se cumplió a rajatabla con lo que se había prometido: una programación muy variada, con una preeminencia de la música clásica. Pero, para ser justos, también hay que reconocer que no todo lo que se programó fue disfrutado a pleno. Algunos espectáculos de gran nivel sólo fueron vistos por un puñado de privilegiados espectadores. Ese fue el caso del concierto de Adrián Iaies que se realizó en un Teatro San Martín con muchas plateas vacías. Y lo mismo ocurrió con el concierto del pianista Eduardo Hubert y la presentación del Trío Sine Nomine. Tal vez el precio de las entradas o la superposición de otros shows atractivos, tuvo mucho que ver en esto. Hubo, eso sí, espectáculos que quedarán grabados en la memoria colectiva. Uno de ellos es la excelente versión tucumana de la ópera "La Traviata" que abrió el septiembre musical a fines de agosto. El otro, el multitudinario concierto en la estación Mitre que brindaron el domingo el tenor Darío Volonté y su esposa, la mezzosoprano Vera Cirkovic al cierre de la fiesta. En el medio sucedió de todo: artistas que arrancaron la ovasión del público -como la seductora Ute Lemper, el genial Fats Fernández o la carismática Ligia Piro-; cantantes tucumanos que llenaron salas -como el Mono Villafañe-; y hasta la presentación de un libro sobre la historia del Septiembre Musical que aportó nostalgia al encuentro.
También hubo algunos desaciertos. Faltó, por ejemplo, más participación de músicos tucumanos (que apenas si asomaron en la grilla y ni siquiera figuraban en las campañas publicitarias) y se produjeron algunas suspensiones (Rubén Di Blasio y Luis Spinetta no llegaron a cantar) y pese a que la esperada actuación de Divididos en la plaza Independencia se levantó días antes de la fecha prevista, las publicidades seguían anunciando con bombos y platillos la presencia de la "aplanadora del rock" en Tucumán. Estas contingencias desajustaron una fiesta que pudo recuperar su vieja mística, pero que aún no consigue conformar a todos por igual. Y tal vez sea esta la mayor asignatura pendiente. Porque la cultura no puede medirse sólo con números; hace falta considerar el impacto en la gente. Si el Septiembre Musical no puede incluir en la fiesta a todos los sectores por igual, su existencia no tiene demasiado sentido.
Los puntos salientes
La apertura con la gran producción de "La Traviata".
Artistas de renombre nacional e internacional estuvieron presentes.
El regreso a la vieja Estación Mitre para el cierre, con Darío Volonté y Vera Cirkovik.
La llegada con espectáculos a algunas localidades del interior.
Para mejorar en el futuro
La suspensión a último momento de los recitales de Divididos y Spinetta.
Escasez de grandes eventos populares y gratuitos.
Falta de difusión específica de los espectáculos (se publicitaron sólo los más grandes).
Los costos de las entradas fueron excesivos en muchos casos.