Dos sorpresas se produjeron ayer en los comicios de Brasil: la candidata oficialista, Dilma Rousseff, no se impuso en primera vuelta; y el Partido Verde, con Marina Silva a la cabeza, logró un porcentaje llamativamente superior a lo que indicaban cálculos previos. La "delfina" del presidente Luiz Inácio Lula da Silva sumó un 46,3% de los sufragios emitidos, mientras que el opositor José Serra alcanzó el 33%. Los dos aspirantes a la presidencia se ganaron el derecho a competir el 31 de este mes en balotaje, ya que ninguno superó el 50% de las adhesiones necesarias para consagrarse nuevo presidente de Brasil. Silva, en tanto, obtuvo un sorprendente 19,67%.

El resultado obligará a la ex jefa de Gabinete de Lula a cumplir casi un mes más de campaña para enfrentar a Serra, que sumó casi 33 millones de votos, unos 11 millones menos que Rousseff. Los analistas entienden que la frustración de Lula por imponer a Rousseff en la primera vuelta se debió principalmente al increíble desempeño en las urnas de Silva (duplicó su apoyo electoral en las últimas semanas y obtuvo 19 millones de sufragios). Pese a que fue afiliada al PT varios años y se desempeñó como ministra de Medio Ambiente de Lula, Silva afirmó que pretende mantenerse neutral en la segunda vuelta. En cambio, dirigentes del PV adelantaron a la prensa su intención de apoyar a Serra.