BUENOS AIRES.- ¡Felíz cumpleaños! Sí, la serie de dibujos animados, cumple 50 años. Ideada por la pareja Hanna & Barbera, transformó en un éxito su propuesta de llevar a vivir, a una familia como en los tiempos de las cavernas. No. No es un error. Esta sigue siendo una columna sobre economía. Sólo que se deja de lado, por un momento, el análisis de la sofisticación del rendimiento de los bonos, los aspectos presupuestarios o las sutilezas fiscales. La perspectiva se abre paso sobre la coyuntura.

¿Cuál es el punto de contacto entre aquella fantasía televisiva y esta realidad económica?

La propuesta parece muy similar desde que la pareja más famosa de la Patagonia pretende llevar a las familias argentinas a vivir como en tiempos de las cavernas. ¿No? Veamos.

Primer punto de contacto. La galopante tasa de inflación implica en los hechos, la destrucción de la moneda. Alimentada por gasto público fuera de control y en los topes máximos históricos, y por una emisión de moneda irracional, la inflación destruye la fortaleza de la moneda y lleva a los agentes económicos -grandes, medianos o chicos-, a pensar en otro instrumento transaccional. En primer lugar, será una moneda dura -siguiendo la ley económica "moneda buena desplaza a moneda mala"-. En segundo lugar cuando la devaluación -consecuencia inevitable de la inflación-, se apodere de la economía, se dará paso como en 2002, al trueque. Un claro reflejo de cómo se vivía en la edad de piedra.

Otra similitud. La aplicación de la fuerza. La inflación, al alterar todo el sistema de precios, destruye la estructura de costos y la producción, llevando a la destrucción del empleo. Esto genera, primero un canibalismo laboral -sólo algunos acceden a un empleo registrado y el resto padece los efectos del mercado negro, y segundo, niveles crecientes de desocupación. Al mismo tiempo, con inflación y desocupación combinadas de manera inflamable, se producen desplazamientos de personas hacia niveles de vida de supervivencia sin acceso a la educación, lo que genera focos de marginalidad y luego de criminalidad donde el uso de la fuerza reduce a cenizas el valor vida. Otro síntoma de la época cavernícola.

Un tercer punto de contacto y en línea con el uso de la fuerza. El silencio oficial ante la propuesta de la señora de Bonafini de tomar los tribunales, implica rubricar el imperio de la fuerza sobre la racionalidad. Barbarie sobre civilización. Si la toma de una comisaria queda impune y el corte de calles no es penado, ¿por qué razón no se va a intentar la toma del Palacio de Justicia con el uso de la fuerza?

El otro libreto
Otra conexión. Infraestructura y servicios. Aquí la propuesta de la pareja patagónica camina hacia una aventura de supervivencia. Una prueba por superar los límites de la especie. Viajar hacinados en tren, ómnibus o en subterráneo y salir ileso, ir a pedir turno a un hospital a las 3 de la madrugada para que, con suerte sea atendido a las 11 de la mañana, niños que concurren a escuelas, a tomar clases cuando los docentes lo permite, colegios tomados por estudiantes carentes de baños, ventanas y con peligro de derrumbe, conducir por rutas con pozos, sin pintar, angostas y pobladas de vehículos de gran porte y tamaño donde el número de muertes es el máximo mundial, no acceder al agua potable y al servicio de cloacas, vehículos policiales sin repuestos, fuerzas armadas desarmadas, importar petróleo, gas y electricidad, son algunos de los episodios por donde transcurre la vida de las familias argentinas bajo el libreto de los Kirchner.

A esta altura del siglo XXI, y a pesar del suceso, se ha dejado de producir los Picapiedras. Las nuevas generaciones así lo exigen. Pero los tiempos cavernícolas parecen florecer por estas latitudes de la mano del matrimonio presidencial. Pedro sigue enojándose y peleando con todo el mundo. Vilma, hace gala de sus collares y carteras, paseándose por el mundo cultivando el nihilismo. Los Picapiedras continúan en la era patagónica. En la era de piedra argentina. ¿Hasta cuando?