El Testigo

Llegó solo a esa playa perdida, guiado siempre por la voz de
las sirenas. Se desnudó y soñó que trazaba una nueva biografía del mundo, y mientras lo fundaba se limpió de arenas y de astillas, y ofrendó su traje al horizonte.

Entonces se elevó, remontó por encima del habitual insomnio humano, hasta alcanzar el antiguo cauce de su sangre. Allí no habría que ejercer ya con palabras, ni enjugar lágrimas nacidas de pañuelos Allí renacerían las vastas confidencias y otros latidos nuevos ajenos a los relojes.

Se preguntó: ¿Y el llanto? El llanto sólo es útil para empedrar atajos; es una mancha que crece persuasiva Rendirse ahora sería pagar por dos veces el precio de un baldío en donde el alba nunca hace un alto.

Y vio los brotes húmedos y sonoros, gotas de luz que esperan desde siempre en las bocas dormidas al amor.
 
Y se trenzaron los ramajes de sus venas: empezó a pulir pacientemente los llaveros herrumbrados, los que abren alcobas y mazmorras, los que sellan tatuajes derrotados y maquillan con dádivas el hambre -por donde ronda la pena de este siglo.

© LA GACETA

Ivo Marrochi - Nació en Santa Fe, en 1933. Desde 1940 y hasta su muerte vivió en Tucumán. Es autor de 18 libros que circularon por diversos géneros (cuento, poesía, ensayo y teatro). "Textos y contextos II", segundo tomo de la compilación de su obra, fue publicado en 2009.