Por Fabiana Mastrángelo
para la gaceta - buenos aires
- Alberdi vivió casi la mitad de su vida en el extranjero, sin embargo su influencia fue notable en la Argentina.
- Así es, trabajó la mayor parte de su vida en el extranjero de su profesión y vivía bien. Es muy curioso que siendo brazo derecho de Urquiza, nunca lo conociera personalmente. Intercambiaban ideas y criterios por carta. Sin embargo, Alberdi conoció a Belgrano, San Martín, Rosas, Quiroga, Heredia, la Reina Victoria, Napoleón III, al Papa, a dos presidentes norteamericanos, a escritores, artistas y políticos del mundo entero. La relación con Urquiza era sólo epistolar. Alberdi fue su ministro plenipotenciario cuando aquel presidía la Confederación. De todos modos, la mayor influencia de Alberdi en nuestro país está dada en la Constitución Nacional.
- La Constitución Nacional fue su principal legado.
- Indudablemente, él es su gran constructor y autor intelectual. Está bien que sea el patrono de los abogados, señala el respeto a la Ley Fundamental. Fíjese que todos los ensayos que se hicieron, anteriores a la (Carta Magna) de 1853, no fueron aplicados, pero esta se puso en práctica y con éxito. Es una de las constituciones más antiguas del mundo junto con la de Estados Unidos, que se sancionó varias décadas antes.
- En la última etapa, Alberdi afirma que "para reformar a Sudamérica lo que necesita el pueblo es educación". Usted, como presidente de la Academia Nacional de Educación, ¿qué opinión tiene al respecto?
- Hoy, la dirección en educación la tiene que dar el Estado Nacional. Las provincias han fracasado totalmente y si bien el Estado Nacional también, es el único que tiene fuerza, si quisiera, para dar una dirección. Debería tener en cada ciudad importante o capital de provincia un colegio primario o secundario que diera la pauta de lo que hay que hacer, como una escuela modelo. Ahora, en algunas provincias, lo hacen las escuelas de las universidades nacionales. Deberíamos activar un gran "shock educativo" como lo hizo Sarmiento. Darle el lugar que la educación requiere. Todos dicen "la educación es importante" pero después no hacen nada. Lo que falta es voluntad política para educar. El único que dijo "la educación no sirve para nada" fue Rosas. Por lo menos fue sincero: dijo lo que pensaba [afirma con tono irónico].
- El federalismo en Estados Unidos se aplicó. ¿Qué pasó aquí que no pudo ser posible?
- Estados Unidos supo hacer un buen federalismo, si bien atravesó una feroz guerra civil durante el siglo XIX. Nosotros teníamos un caudillismo que allá no existía. Además, poseían una conformación geográfica muy diferente con una enorme costa y con muchas ciudades que comerciaban con Europa. Por el contrario, nosotros teníamos el embudo que terminaba en un único puerto: Buenos Aires, especialmente después de que Uruguay se emancipa. Todo va a morir a la "ciudad puerto", que se transformó en una "ciudad vampiro".
- ¿Era factible el proyecto de traslado de la Capital Federal a Viedma, durante el gobierno de Raúl Alfonsín?
- Por supuesto, se debió haber hecho. Era costoso pero podrían haber comenzado con edificios modestos y usando los que ya existía en esa ciudad como sede del Poder Ejecutivo Nacional, del Legislativo Nacional y de los Tribunales. También podrían haber hecho el traslado en forma paulatina como hicieron en Brasil cuando instalaron la capital en Brasilia. Con ese proyecto hubiésemos terminado con uno de los males de la Argentina que es la "gran capital" como cabeza que absorbe a las provincias.
- Como miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, ¿cuál cree que es la visión ética y política que debemos tener hoy los argentinos?
- Es importante aclarar que el título de "moral" es un poco arcaico porque le decían morales a las ciencias no naturales, es decir, a las sociales. En cuanto a su pregunta, el principio ético es fundamental y es donde estamos peor. Hay una gran desfachatez y una ausencia de principios éticos increíbles. El ejemplo de grandeza y desprendimiento lo tiene que dar el gobernante. Recordemos hombres políticos que se empobrecían en la función pública como los del siglo XIX y algunos del XX. Tenemos que, "entre todos los argentinos", ir exigiendo al Estado que haya una ética pública y privada. Esto es esencial. La ética y la política están estrechamente unidas. Político sin ética no es deseable y, a la larga, no es exitoso para el país. El que tiene que dar el ejemplo es el Estado, sobre todo el Estado Nacional. Las provincias han demostrado que poco pueden hacer, a excepción de algunas, sobre todo las más grandes, pero el resto no puede hacer nada sin el ejemplo y el empuje del Estado Nacional.
© LA GACETA
Fabiana Mastrángelo - Historiadora, escritora y
máster en docencia universitaria.
PERFIL
Horacio Sanguinetti es presidente de la Academia Nacional de Educación, miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y correspondiente de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas. Fue rector del Colegio Nacional de Buenos Aires entre 1983 y 2007), director general del Teatro Colón (2007-2009) y ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (1996-1997). Entre sus libros pueden mencionarse La educación argentina en un laberinto, La democracia ficta y Reflexión final de El crimen de la guerra.