Si bien la OEA, de la que Ecuador es Estado miembro, se ha pronunciado inmediatamente de conocerse la crisis, cobra relevancia el protagonismo específico de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas). Buena ha sido la reacción generalizada de apoyo de muchos países que advirtieron sobre la necesidad de pronunciarse a favor de la estabilidad institucional democrática de Ecuador.
El secretario general de Unasur, Néstor Kirchner, esta vez actuó a tiempo. A diferencia de lo que ocurrió con la tirantez diplomática y la amenaza de vías de hecho entre Venezuela y Colombia antes de asumir Santos, sucesor de Uribe, dejando transcurrir el tiempo y sin participar, como era su obligación, de la conferencia de cancilleres del bloque celebrada en Quito, sede de la Secretaría General.
Honduras, que por su espacio geográfico no integra la Unasur, fue el más reciente caso de desestabilización continental, después del largo periodo que sufrieron las naciones latinoamericanas cuando el poder militar instaló sangrientas dictaduras disfrazadas de poder político "legitimado" por razones de "orden y la seguridad interna". La solución hondureña no satisfizo aún a todos.
En el caso ecuatoriano se destaca la expresión del general González, máximo jefe militar: "Las Fuerzas Armadas están subordinadas al interés nacional y a la autoridad de su comandante el jefe, el Presidente de la República". Los días que siguen darán cuenta de cuán cerca o lejos de la realidad se está. Y las decisiones de la Unasur deberán tomar proa hacia un compromiso de oro con la causa de la democracia en la región.