NUEVA YORK.- Cuando un papel secundario ni se menciona en la sinopsis, pero el actor recibe después miles de cartas de fans dirigidas al "atractivo desconocido", tiene que ser un tipo con mucho talento, o mucha sensualidad. En el caso de Tony Curtis se daban ambas características.
Durante décadas Curtis fue uno de los actores -y hombres- más disputados de Hollywood, y se convirtió en toda una leyenda. Cuatro meses después de haber cumplido 85 años murió en la tarde ayer en Henderson (Nevada). "De donde vengo, el aspecto fue mi pasaporte para huir del cubo de basura", dijo una vez Curtis. Ese cubo de basura era el Bronx, uno de los barrios neoyorkinos con peor fama.
A los 11 años ya era miembro de una banda callejera, según cuenta en su libro "I like it hot". Desde pequeño temía los castigos de su madre, a la que tiempo después se le diagnosticó esquizofrenia. Su hermano pequeño, Julie, fue atropellado por un camión cuando supuestamente el futuro actor debía estar cuidando de él. Bobby, su otro hermano, era discapacitado. Las experiencias de juventud marcaron a Bernard Schwartz, que pronto pasaría a llamarse Tony Curtis.
En la historia
Hace medio siglo pasó a la historia de los grandes del celuloiode con la comedia de Billy Wilder "Some like it hot", conocida como "Una Eva y dos Adanes". En el filme, una explosiva Marilyn Monroe deja ver mucha piel sobre su asombrada cara. Décadas después, Curtis confesó que durante el rodaje tuvieron un affaire. Y que fue el padre del niño que Monroe perdió, según contó en sus memorias "American prince".
En lo privado, Curtis hace tiempo que no era tan alegre como parecía en pantalla, según su hija Jamie Lee. "Algo lo torturó durante toda su vida. Y buscó consuelo en las mujeres, las drogas y el alcohol", reveló.
Curtis se castigaba a sí mismo, por ejemplo por su rol de padre: "he fallado como padre. Ahora tengo que decirlo", confesó. Lo marcó especialmente la muerte de su hijo Nicolas, que en 1994 perdió la vida a causa de la heroína (tenía 23 años). No pasaba una noche en la que no pensara en él. "A menudo se me aparecía en sueños", contó.
En lugar de ante la cámara, el actor que participó en más de 100 películas pasó los últimos años -con unos kilos de más y en silla de ruedas- ante un caballete. La pintura se convirtió en su segunda profesión. Lo que sí se mantuvo fue su pasión por las mujeres. Tenía 73 años cuando contrajo matrimonio por quinta vez con Jill, entonces de 31 años, en noviembre de 1998. "No nos molesta la diferencia de edad", escribió Curtis en su autobiografía. Entre sus anteriores esposas figura Janet Leigh, la mujer de la ducha en "Psicosis". De aquella relación nacieron dos hijas, que también tomaron el camino del celuloide. Pero mientras Kelly Curtis no ha pasado de papeles secundarios, Jamie Lee Curtis ("Halloween", "Un pez llamado Wanda") es toda una estrella de Hollywood. (DPA)