Les apasiona el ejercicio de poner algo bajo la lupa. Aunque al principio aparece más fácilmente lo malo, encontrar puntos buenos arranca una sonrisa. Y se sienten orgullosos, por momentos, de la ciudad en la que viven. Vecinos, urbanistas y autoridades le tomaron un examen a San Miguel de Tucumán, en el que lograron clasificar sus logros y defectos. Se destacó tanto la calidad como la desigualdad. Nadie se animó a poner una puntuación. La conclusión más importante de esta urbe es apasionada: despierta tantos amores como odios.
En el laboratorio de ideas quedó en claro que los tucumanos aman los paseos públicos y la historia de su ciudad, pero la tildan de desequilibrada. No les gustan las grandes diferencias entre el centro y la periferia, protestan por la fractura que hay entre el norte y el sur, les disgusta la mala carta de presentación que dan los accesos sucios de la capital y reniegan por el caos vehicular del centro.
"Me da pena ver cómo aumentan la suciedad y el descuido", expresó el lector Enzo M., en la convocatoria realizada por LA GACETA.com con motivo del cumpleaños número 325 de la capital.
Pálidas y no tanto
"Lo peor de la ciudad son los ingresos. Cuando uno llega desde afuera, estos sectores impactan y asustan por los asentamientos a los bordes de las rutas, dan impresión de que uno está entrando a un lugar abandonado, sucio, descuidado y muy, pero muy feo", describió otro lector identificado como "Uno".
Pero no todas son pálidas para este "Jardín de la República". Juegan a favor los factores geográficos, climáticos y los beneficios que tiene la ciudad por su gran potencial cultural (tiene cuatro universidades), por su diversidad económica y de servicios, por sus parques y plazas, su arbolado y su historia bien conservada en el Paseo de la Independencia. "La ciudad tiene lugares muy representativos, bien cuidados y embellecidos, como la plaza Independencia, la Casa Histórica y los parques 9 de Julio, Avellaneda y Guillermina", rescató "beto2009".