Desde antes del inicio del show el público coreó "Podrán pasar mil años", y tocarla antes de lo que la lista indicaba fue el agradecimiento de Mariano Martínez, cantante y guitarrista de Attaque 77. No esperaba que los tucumanos recordaran que esa noche, en pleno recital en el Nesta, estaba cumpliendo 40 años. Y mucho menos que Sebastián, uno de sus fans, apareciera con una torta.

Mariano sólo pudo decir gracias, y después de que todos le cantaron el "Cumpleaños feliz" emprendió con sus compañeros de ruta la canción.

Attaque llegó a Tucumán convertido en trío y con "Estallar" -el nuevo disco- todavía calentito. Este formato deja al desnudo las limitaciones, que no son tantas, de Mariano y de Luciano Scaglione (bajo) para cantar. Hay menos acción sobre el escenario porque ellos dos y Leonardo De Cecco (batería) deben atender también los instrumentos. Son la base de la banda que lleva 23 años de punk en el país. Le pusieron el pecho al proyecto y siguen adelante.

Es más: la partida de Ciro Pertusi parece haber marcado un regreso a las fuentes, y así como tocaron "Jodie", hicieron allí mismo un censo para saber cuántos viejos fans seguían en pie, y cuántos habían regresado ahora al redil. El resultado, a mano alzada, fue satisfactorio para la refundada banda.

También se inclinaron con más ahínco aún a los temas de crítica social y de denuncia a los males que parecen endémicos (corrupción, violencia, pobreza...). Más actitud punk, en versión prolija y experimentada.

Las canciones de todas las épocas se sucedieron; los clásicos se intercalaron con algunos temas más recientes. Pasó "El jorobadito", en una versión de punk-ska con aroma cuartetero (vivir en Córdoba, evidentemente, lo hace inevitable), "Western", y las versiones de siempre como "Amigo", de Roberto Carlos, y "Soy rebelde" de Miguel Alejandro.

El Nesta, reacondicionado otra vez para evitar clausuras por ruidos molestos (nuevo cielorraso, otro sistema de ventilación, más control en el ingreso y un decibelímetro para evitar sobrepasar los límites establecidos), hace sentir aún más el calor y el fervor rockero de los tucumanos, que resisten con tal de seguir saltando gracias a sus bandas favoritas y con mejores condiciones de seguridad.

Attaque volvió. Con conciencia de su nueva situación, y de que habrá que remar bastante, aunque no está partiendo de cero, por supuesto.

El oficio de los tres músicos para sostener el show, crear climas y levantar siempre al público juega a favor. También la coherencia de la propuesta, aunque allí se percibe uno de los puntos débiles, porque casi no hay modificaciones, revelaciones ni sorpresas en estas dos décadas de rock.

El trío que lució "uniformes" negros (remeras con la estrella roja de cinco puntas estampada a la derecha) pretendió cerrar el show tras una hora y media, pero debió volver. Pasaron "Setentistas", y la despedida formal llegó con "No me arrepiento de este amor", de Gilda. Pero el público quería más, y Attaque entregó "Dame fuego", de Sandro.