Sí, es verdad, los lectores también son votantes. Vaya novedad, dirán algunos. Claro, que sólo los mayores de 18 años pueden hacerlo en la Argentina. A esos miles o millones que tienen "el hábito de la lectura" -según el diccionario- apuntó el kirchnerismo desde el mismo momento en que decidió enfrentarse a los medios de prensa que, a su criterio, son los nuevos adversarios políticos, más que instrumentos de comunicación. Con un ojo puesto en la elección de 2011, el oficialismo también dirigió su mirada a esos e-lectores -juguemos con las palabras-, entendiendo que poderosos grupos periodísticos influyeron tanto sobre la conciencia de los que leen diarios que terminó perdiendo la elección de 2009. No por sus errores de gestión -dicen-, sino porque no supieron comunicar o convencer de que la situación del país no era como la pintaban unos cuantos cagatintas. Aunque, cabe recordar, los "K" salieron luego con raras e incomprensibles ecuaciones polinómicas para tratar de demostrar que habían ganado esos comicios cuando, en realidad, fueron derrotados por: lectores, televidentes y radioescuchas que acudieron a las urnas. Sí, al final de cuentas esos también son sufragantes.
En ese caso, pensando en lo que se viene en 2011 -la disputa por el poder o la continuidad en el poder por parte de los "K"-, es atendible que, en su preocupación porque la comunicación llegue como ellos pretenden a la sociedad, los kirchneristas se hayan enfrascado en una batalla política -con enredos judiciales de por medio- con algunos medios de prensa. Para ellos son contrincantes políticos que pelean en el mismo campo de batalla, en el de la imposición de la agenda diaria. Y los Kirchner tienen entre ceja y ceja a la prensa y a algunos periodistas porque, en su línea de pensamiento, son los que más pueden incidir en los comicios del año que viene; porque son los que tienen lectores. Que en suma son electores, ergo votantes. Es un campo más para pelear con los argumentos y las razones que puedan esgrimirse de ambos lados. En este punto hay que poner un freno y remarcar que es casi imposible merituar el nivel de influencia que pueden tener en las urnas los medios de prensa, más allá de que generen opinión. ¿Tienen incidencia? Seguro que algo tienen; si no, los "K" no los estarían apuntando con munición gruesa. Sin embargo, como bien se dice, la gente no es ingenua, puede ser sentimental, pasional, fanática, pero también es pragmática a la hora de decidir por quién votar. Claro que leerá, claro que escuchará, claro que dudará; y claro que también se mirará el estómago, que meterá sus manos en los bolsillos y que evaluará a la administración de los Kirchner por sus gestos, caprichos, aciertos y errores. En suma, habrá lectores eligiendo en el medio, pero los votantes son muchos más que los que leen.
Al margen de estas consideraciones; la batalla histórica, jurídica, de ideas y hasta de chicanas con algunos medios también debería preocupar a los sectores de la oposición; porque hay otra verdad: el político hábil es aquel que elige el contrincante con quien pelear para polarizar y sacar ventaja proselitista. Y el kirchnerismo eligió que este año suba al ring un adversario que nunca figuró en los manuales, por lo menos como contrincante de fuste para ganar adeptos. Al fin de cuentas esta acción, con toda intención, se convierte en un ninguneo de la oposición. Eso es lo que debería preocupar en primera instancia a los que quieren instalarse en la vereda de enfrente del Gobierno nacional, y hasta del provincial. Así, el mensaje que venden los "K" es que la verdadera oposición está en las páginas de los diarios, en las imágenes televisivas y en lo que se escucha en las radios, no en las propuestas, plataformas o en las críticas de la oposición. Por extensión, si la prensa es el enemigo, y la prensa le da espacio a la oposición, el mensaje está más que claro: se está intentando imponer una polarización mayúscula, los "K" contra todos. Una apuesta difícil a todo o nada, arriesgada, pero típica de los Kirchner, que están acostumbrados a ir hasta el fondo en cualquier batalla. Y si, como siempre, quieren poner de rodillas a los adversarios -como intentaron hacer con los hombres del campo en 2008-, cabe imaginar cualquier cosa en este camino complicado hacia 2011.
¿Qué debe hacer la oposición para sacar la cabeza y mostrarse como la alternativa para pelear por el poder con los "K" y con el gobernador, José Alperovich? Por ahora, de buenas a primera, mostrarse. A nivel nacional, por lo menos el Peronismo Federal, además de remarcar que lleva cuatro precandidatos a presidente, destacó que son diferentes a los Kirchner, pero peronistas. Esto último, en este país, es bastante en función de la sensación de frustración que dejó el radicalismo en su paso por el Gobierno nacional. En ese marco, Ricardo Alfonsín o Julio Cobos tendrán que remar, además, contra los fantasmas de la propia historia para arrimar agua a su molino. Se puede arriesgar y decir que a nivel nacional la disputa para ingresar al balotaje se dará entre uno de los miembros del matrimonio "K", uno de los disidentes y un radical. Se puede señalar que dicho de esta manera no se menciona nada original o que no se arriesga nada, pero, qué es lo más posible: una segunda vuelta entre dos peronistas o una entre un radical y un peronista. Bueno, usted, lector -o elector- ponga los nombres según su propio riesgo, simpatía o especulación.
¿Y en Tucumán? ¿Alperovich ya eligió a su adversario para 2011?, o bien: ¿el posible contrincante no necesita que lo suban al ring porque tendrá peso propio para hacerlo por sus propios medios? Antes de seguir debemos hacer la misma advertencia de siempre: el titular del Poder Ejecutivo peleará por su tercer mandato consecutivo siempre y cuando la Justicia no se lo impide. Dicho esto, no se puede obviar la bendición que recibió el senador José Cano (UCR) para ser postulado como candidato a gobernador del radicalismo por parte de Alfonsín y de Cobos. Hoy por hoy, sin ir en desmedro del resto de los dirigentes políticos, y por los últimos resultados electorales, es el opositor con mayores chances de restarle votos al alperovichismo. En ese caso, aunque no tendrá que andar a los codazos con el resto del espectro opositor para decir "soy yo", ya que sacó algunas cabezas de ventaja sobre el resto, Cano tendrá que pensar cómo deberá encarar la lucha para polarizar. No tal vez para llegar a la Casa de Gobierno, sino para menguar el poder de Alperovich en la Legislatura; de última.