RANDA (I)
Espero que esta sea mi última carta sobre el tema de la randa. No quisiera abusar de este espacio, pero debo contestar al lector Manuel Gramajo Feijóo (carta del 22/9). Su reclamo está absolutamente injustificado. Si se hubiera tomado el trabajo de leer mi libro, vería que se brindan otras opiniones sobre el tema, entre ellas, que la randa es española y anterior a Carlos V; otros afirman que la palabra randa no proviene del alemán sino del celta, o que es de origen incierto... Y en la página 20 hubiera leído: "una investigación extensa del tema es todavía necesaria y una materia pendiente, pero supera largamente los límites propuestos para este trabajo". Para criticar un libro -afirman los expertos- primero es necesario leerlo. Por lo visto el señor Gramajo ignora este requisito. Este hilarante suceso me trajo a la memoria una reflexión de un sabio pensador alemán (como la randa) que dice: "En la labor intelectual no constituyen un problema los que hacen y se equivocan. Sí, en cambio aquellos que no hacen nada, critican a estos y ademas se visten de eruditos repitiendo opiniones ajenas". (Klauss Vladimir Chanampa, Die Grosse Politik, página 998. Traducción del doctor Inti Huaaman Von Lewebust. Imprenta y Tipografía de los Señores Cojinillo Hermanos. La Paz, 1912). Recomiendo al lector Gramajo Feijoo su lectura.
Tulio Santiago Ottonello
RANDA (II)
En razón de que en su carta "Randas" (22/9) me nombra, contesto al lector Manuel Gramajo Feijóo. lo felicito por su carta, que nos ilumina un poco más sobre el tema. Impresionante (y no es una hipérbole), eso de que al final "rand" es una palabra árabe, increíble realmente. Cuando leí que era alemana la busqué en el diccionario. Allí dice que significa: borde, orilla, margen, orla. Por si eso fuera poco, figura también "rändern", que en tanto verbo significa orlar. Podrá apreciar pues que no acepté impulsivamente lo que decía el lector Ottonello. En las últimas líneas de su carta del 22, me veo sorpresivamente involucrado. Dice usted dos cosas sobre mí que me hicieron reír, lo cual -dicho sea de paso- siempre viene bien al organismo, por lo que se lo agradezco. En primer lugar dice textualmente, que otorgué "el carácter de irrefutable verdad" a lo que afirmaba Ottonello. No. Lo tomé como verdad luego de bucear en el diccionario, pero no como irrefutable, en absoluto. En cuestiones históricas es imprudente tomar como irrefutable lo que dice un historiador, siempre hay que escuchar otras campanas, estar con la mente abierta a otros aportes. Bien sabemos que la ciencia en general es un saber provisorio, y por lo tanto perfectible. Y con la historia hay que tener el doble de cuidado, por sus particulares características. Pero lo que más me hizo gracia es que me asigne amistad con Ottonello, a quien no conozco. Sí lo sigo en sus cartas, muy instructivas, relacionadas casi siempre con cosas de nuestra provincia. También lo sigo a usted, sus cartas me gustan; tienen la característica -en mi opinión- de ser "combativas". Si me permite un poco de humor, se me ocurren estas metáforas bélicas: sus cartas parecen mandobles de cimitarras, o para ser más moderno, un tanque "panzer" que arrasa con todo en una "blitzkrieg" (guerra relámpago). Cuando ande por estos pagos, llámeme, así conversamos, café de por medio.
José E. Santillán
Lizondo Borda 1.137
S.M. de Tucumán
FALTA DE SENSIBILIDAD
Por razones de estudio, transito diariamente por la esquina de Córdoba y 25 de Mayo en donde puedo observar la cola que hacen los jubilados en la delegación de la Anses. Generalmente, paso a las 11 y regreso a las 13.30 y siempre es lo mismo. Están los abuelos impiadosamente parados y numerosas mamás con sus bebés en brazos, sin ninguna protección ni resguardo. No entiendo la indiferencia de las autoridades. Siempre observo que el interior de las oficinas está vacío y los asientos desocupados. En una ocasión, le pregunté a los policías que están apostados en la puerta del edificio por qué no dejaban ingresar a la gente para que esperara su turno sentada y la respuesta fue: "el personal está almorzando". Qué indiferencia y falta de sensibilidad con nuestros abuelos y niños. ¿Hará falta que se corte alguna calle para que se den cuenta de lo que pasa todos los días en pleno centro de la ciudad?
Erika Jaqueline Ale
Las Piedras 940
S.M. de Tucumán
HOSPITAL DEL ESTE
Se anuncia la culminación de la obra del futuro Hospital del Este y su posterior equipamiento, y desde ya se barajan nombres para ponerle a este centro asistencia de magnitud. Es de esperar que los responsables de este cometido no caigan en la redundancia que se observa en estos últimos tiempos, la de bautizar los lugares públicos conforme a ocurrencias personales o simpatías políticas del momento. Es por ello que me permito sugerirle el nombre de personalidades del pasado que, en tiempos difíciles, en medio de grandes dificultades y carencias lucharon contra los males que azotaban a la población tucumana en otras épocas, como el cólera, paludismo, fiebre tífus, viruela, mal de chagas, leishmaniasis, tos convulsa, difteria, etcétera. De los que merecen esta distinción surgen los médicos investigadores Víctor Bruland, Francisco Mendioroz, Manuel Esteves, Diego García, Elmina Paz, Carlos Alvarado, Cecilio Romaña, entre otros. Es de esperar que si no lo hacen con la totalidad del hospital, por lo menos los pabellones o salas del establecimiento lleven sus nombres. Se trata de una deuda a saldar de los tucumanos con estos benefactores de la salud pública. Cabe recordar que la mayor virulencia de estos males se originaban precisamente en esta zona y sus investigaciones determinaron, entre otras cosas, que los ingenios Concepción, San Juan, Lastenia y San Andrés suministraran "agua filtrada" (agua hervida en las calderas y colada) a la población. Otro tanto ocurría con las extremas medidas de higiene, y la apertura de un cementerio colérico en las inmediaciones para evitar que se propague el contagio, igual que plantaciones de eucaliptos para reducir el temible paludismo. Y en tiempos recientes la figura del investigador Guillermo Oliver y "su" leche Bío. Otra personalidad a tener en cuenta es el de Ramón Paz Posse (primitivo dueño del sitio donde se levanta este hospital), propietario e impulsor del ingenio San Juan, en cuyo alrededor hizo construir confortables viviendas para los obreros, hospital, escuela, capilla, club deportivo, sede social, biblioteca, etc.
Ysmael Díaz
Mario Bravo 247
Banda del Río Salí-Tucumán
EL "ABUELO MATEO"
En un nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán, deseo recordar a un antepasado de nuestra familia, Mateo Delgado. Según la tradición oral de la familia Gray, el "abuelo Mateo" como lo llamábamos cariñosamente, fue soldado del Ejército de Belgrano, y el que le arrebató la bandera al realista Pío Tristán. Don Mateo era abuelo de Elina Delgado de Gray, nuestra abuelita, que gozaba de pensión militar por ser nieta de un guerrero de la Independencia. Su actuación como tal, se verifica en el despacho emitido el 21 de noviembre de 1813 por el Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata que dice: "Atendiendo a los méritos y servicios de Don Mateo Delgado ha venido en conferirle el cargo de Alférez de la Tercera Compañía del Tercer Escuadrón del Regimiento de Dragones y Milicias Regladas al Tucumán concediéndoles las gracias exenciones y prerrogativa que por este título le corresponden. Por tanto, manda y ordena, se le haya tenga y reconozca por tal Alférez para lo que le hizo expedir el presente Despacho. Firmado por el Gobierno, sellado con el sello de sus Armas, y refrendado por su Secretario de Guerra, del cual se tomará razón en el Tribunal de Cuentas y en la Comandancia del Excelentísimo Ejército. Dado en La Fortaleza de Buenos Ayres a veintiún día de Noviembre de Mil Ochocientos Trece. Firmado: Nicolás Rodríguez Peña, Juan Larrea, Gervasio Antonio de Posadas y Tomás de Allende, Secretario de Guerra. Con este cariñoso recuerdo al "abuelo Mateo", vaya nuestro más sincero agradecimiento de los descendientes de Elina Delgado de Gray, al general Belgrano y sus heroicos soldados por la triunfal batalla del 24 de Septiembre de 1812.
Soledad Ardiles Gray de Stein
Moreno 485
S.M. de Tucumán
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