La editorial Alfaguara acaba de publicar Rugby, novela en la que Manuel Soriano (porteño, abogado y escritor, nacido en 1975) cuenta la historia de "El Mocho", un joven peruano, hijo de un diplomático, con dudas sobre su origen que lo tornan particularmente sensible, y que juega al rugby con ex compañeros de uno de los colegios más caros de Buenos Aires. La vida del protagonista se desarrolla en torno a un club de rugby que limita con una villa miseria. Esa frontera será traspasada por los personajes y, a partir de entonces, se enfrentarán con límites morales que se han desdibujado.
LA GACETA Literaria conversó con el autor, en la sede de la editorial, sobre las raíces y los temas de su obra.
- ¿Cómo empezaste a escribir la novela?
- Empecé cuando se jugaba el último mundial de rugby. El éxito de los Pumas multiplicó las publicidades que colocaban al rugbier como modelo de solidaridad, unidad y compromiso. Entonces quise escribir una "historia no oficial" del mundo del rugby.
- En el libro es evidente que conocés muy bien ese mundo. ¿Cuán autobiográfica es la novela?
- Yo siempre viví en el barrio de Belgrano en Buenos Aires, empecé a jugar al rugby en un colegio inglés y seguí jugando, por unos 15 años en total, en un club conformado por ex alumnos. En el colegio tenía la opción de jugar al voley o al rugby. La segunda opción era la que había que tomar para "ser bien visto" en el colegio. La novela tiene una alta cuota autobiográfica pero busqué un personaje que no se parece mucho a mí para contar la historia con cierta distancia. Es un personaje que tiene un pie adentro y otro afuera de ese mundo.
- En las primeras páginas el protagonista se encuentra con un amigo que le dice: "conviene invertir más en contactos que en educación? El rugby es la única esperanza de movilidad social que tienen los hijos de los porteros". Y esa idea se repite cuando es contratado en un estudio jurídico importante a raíz de un contacto. ¿Crees que en la Argentina está arraigada esa idea en todos los sectores sociales o solamente en algunos?
- Es una idea cínica que tiene un trasfondo de verdad. La entrevista que el protagonista tiene en el estudio jurídico, por ejemplo, es totalmente autobiográfica. Cuando estuve en esa entrevista, la línea de mi currículum que definió mi contratación fue la que decía "jugó al rugby en X club". Fue como una contraseña que significa "este es uno de los nuestros".
- En esa escena, tu personaje calcula que su padre invirtió 100.000 dólares en una educación inferior a la que podía recibir en buenos colegios públicos, pero admite que es riquísima en contactos. ¿Pensás que esos cálculos son habituales a la hora de elegir un colegio para un hijo?
- No sé si son tan matemáticos pero definitivamente son estimaciones habituales. Siempre veía como mi papá y mi hermano apostaban a los contactos cuando decían "¿Lo conocés a tal? Sí, lo conozco. Ah, es íntimo amigo mío". Yo pienso que hay que invertir más en educación que en eventuales lazos sociales pero, en la práctica y en un país como el nuestro, es innegable que lo segundo suele influir más en el éxito económico o en el ascenso social que lo primero. Hay una gran hipocresía cuando se habla de la importancia de la educación.
- Cuando el protagonista entra a una universidad estatal, oculta que es jugador de rugby.
- Esa parte es también bastante autobiográfica. Yo empecé a estudiar derecho y me di cuenta de que lo más me gustaba era escribir sobre teoría jurídica. Entonces empecé a conectarme con editores de revistas de la facultad que tenían posiciones ideológicas inclinadas a la izquierda y, por pudor, ocultaba mi relación con el rugby. Cuando me veían con el bolso, decía que me iba a jugar al fútbol. Temía una discriminación inversa pero era un temor bastante infundado. Cuando se blanqueó, no hubo más que algunas cargadas pero no una verdadera discriminación.
- La discriminación es un elemento presente a lo largo de todo el libro. ¿Cuánta discriminación creés que existe en las clases altas porteñas?
- Creo que mucha. Lo grave es que se trata de una discriminación que se encuentra naturalizada. Es algo latente, que se manifiesta en posiciones sobre temas como la inseguridad. Se presenta a través de una suerte de división entre "nosotros y los otros". Ese es un planteo que se hace el protagonista al principio del libro.
- Los amantes del rugby acostumbran rescatar públicamente la capacidad de unir y de despertar solidaridad que tiene ese deporte.
- Creo que hay una solidaridad interna que funciona muy bien. En la novela aparece cuando la hija de uno de los jugadores necesita plata para una operación y hay una respuesta automática. El problema es que siempre es una solidaridad endogámica, que funciona dentro del grupo pero no hacia afuera.
- Otro elemento presente en la historia es la impunidad.
- Sí, los personajes la sienten desde chicos por pertenecer a ciertas familias y ciertos círculos sociales. Es una sensación que va creciendo y que explica el desenlace trágico de la novela. Los chicos hacen en grupo lo que no pueden hacer como individuos.
- ¿Leíste El factor humano, el libro de John Carlin que cuenta cómo Mandela logró unir a los sudafricanos a través del campeonato de rugby de 1995?
- Vi la película (Invictus) pero no leí el libro. Me gustaría ir a Sudáfrica para saber si esa unidad se logró. Algunas escenas de la película me resultaron inverosímiles. Por ejemplo, aquella en la que unos policías blancos, que están escuchando un partido por la radio, primero echan a un chico negro que se les acerca y después, cuando los Springboks meten un try, lo abrazan. Creo que ese tipo de escenas serían verosímiles en un país como Nueva Zelanda, en donde el rugby ocupa un lugar totalmente distinto; ahí es un deporte popular a diferencia de lo que ocurre en Sudáfrica o en la Argentina.
- Lo que sí ocurrió en ese mundial en Sudáfrica es que Mandela se puso la camiseta y la gorra del equipo local, que hasta entonces eran símbolos del apartheid, ante la mirada de millones de espectadores y como símbolo de superación de las divisiones que había sufrido su país.
- Sin duda fue muy valiente porque era algo totalmente incorrecto para sus seguidores y constituyó una apuesta muy fuerte, inteligente y valiente. Lo que no se es cómo siguió ese asunto.
- Tendrás muchos amigos que están vinculados a tus años de rugby. ¿Qué te dijeron de tu novela?
- Los más cercanos no se sorprendieron, conocían las líneas básicas de la historia y les gustó la trama. Ahora bien, algunas personas vinculadas a lo más tradicional del rugby consideraron que el libro constituía una especie de traición, de quiebre de códigos, porque allí contaba cosas que supuestamente no debería contar.
- ¿Como cuáles?
- Por ejemplo los detalles del bautismo que se les hace a los jugadores que debutan en primera división. Es uno de los rituales emblemáticos y uno de los temas de los que no se habla. Muchas novias de mis compañeros de rugby se sorprendieron. No es un absoluto secreto, uno puede ver ejemplos en youtube, pero mucha gente desconoce que eso pasa. Es un rito violento que deriva del ámbito militar. Es un juego que rompe ciertos límites y del que, si uno quiere integrarse al grupo, es difícil sustraerse.
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