Los tiempos, sin duda, cambiaron. Por el Camino del Perú casi avenida Perón, un ciclista llevaba un caballo tirado con una soga. Tal vez el equino se le había escapado a este "arriero urbano" que se las ingenió para recurrir a este método poco ortodoxo pero no menos original para regresar al redil al "rebelde" que parecía marchar "vencido a la casita de los viejos".
Un arriero urbano
LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO