¿Con cuánto se quedará el Estado de los ingresos familiares? A esta pregunta la contestó el Instituto de Desarrollo Social Argentino (Idesa) en base a los datos proyectados por el Gobierno nacional en el Presupuesto 2011. Según Idesa, para el año que viene se proyecta que la presión impositiva alcance al 35% del Producto Bruto Interno (PBI). "Si a estas estimaciones se le agregan los impuestos municipales y los recursos que obtiene el Estado a través de la inflación, por la pérdida de valor que sufre la moneda como consecuencia del aumento de los precios, se llega a que en 2011 la presión impositiva se ubicará en el orden del 40%", dice el diagnóstico privado. En buen romance, eso equivale a decir que los argentinos destinarán $ 4 de cada $ 10 al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales.

"Seguirá creciendo la proporción de ingresos que los ciudadanos deben destinar a impuestos", argumenta el instituto. Como el crecimiento de los recursos fiscales no se refleja en mayor cantidad y calidad de los servicios que suministra el Estado, agrega Idesa, se acentúa el rechazo a pagarlos, especialmente los más progresivos como el impuesto a las ganancias. "El sacrificio se concentra en las familias más pobres al apelar a tributos altamente regresivos como el impuesto inflacionario y las cargas sociales", completa.

Según Idesa, la presentación del proyecto de Presupuesto ha provocado cuestionamientos por las proyecciones macroeconómicas en que se sustenta. Se critica que, al subestimar la inflación (8,9% anual), automáticamente se subestiman los ingresos. Esta práctica, que se viene aplicando desde la reaparición de la inflación en 2002, lleva a que una enorme masa de recursos excedentes se maneje discrecionalmente. Sin minimizar las negativas consecuencias de esta práctica, una de mayor importancia es la que se deduce de la programación de los ingresos fiscales. Más concretamente, para 2011 se contempla profundizar el proceso iniciado en 2003 de imponer un crecimiento de los impuestos por encima del aumento de los ingresos de la población.

El presupuesto de 2011 es una oportunidad para revertir este proceso que cercena las posibilidades de desarrollo social del país. Por un lado, a través de reasignar recursos usados hoy para subsidiar empresas publicas y privadas, burocracia y prácticas clientelísticas, hacia los servicios indelegables que debe brindar un Estado moderno. Esta es la vía para que la muy alta presión tributaria gane legitimidad, indica Idesa. Por otro, iniciando una profunda reforma tributaria que apunte a eliminar los impuestos más regresivos y distorsivos, como la inflación y las cargas sociales, finaliza el instituto.