En la prehistoria del reggae, y con los aires bolerísticos de la cantante Midnerély Acevedo, Mimi Maura se reencontró con su espíritu festivo y alegre de los primeros tiempos. No es que haya caído en la melancolía y el bajón, pero a sus discos anteriores les faltó esa chispa que hizo de la banda una de las revelaciones de fines de los 90.
Con el acento puesto en el calipso y el ska, y con toques de modernidad sin excesos, reluce el aspecto puro y cristalino del sonido logrado en "Días de sol".
La banda capitaneada por el fabuloso Sergio Rotman suma a esta base de pura cepa jamaiquina (hay varios roots) una amplia gama de sonidos diferentes, y que aunque no pertenecen a la isla se acoplan aportando un plus singular. El sitar de "Hacia la eternidad", por ejemplo, marca ese camino, como también el dueto de voces de Acevedo y el "tico" Fofe Abreu (de Circo) en "Olas y arena". Más allá de los ritmos cadenciosos, las canciones rebosan de alegría, aún cuando algunas cuenten tristes historias. Fue un disco de producción extensa (dos años), grabado en parte en Puerto Rico y en Buenos Aires. En el camino se fueron sumando invitados y canciones, sonidos y arreglos que terminaron por darle forma a un disco que merece la oportundiad de ser vivido.