Las chispas de alegría se desperdigan con la brisa cálida. Algunos adolescentes todavía tienen puesto el delantal, otros están ataviados simplemente con remera y jean. El lugar es democrático: las edades se mezclan y los colegios de procedencia también. En la previa del Día del Estudiante, la plaza Independencia es un collage multicolor. Los chicos dejan transcurrir la tarde (casi) primaveral con la tranquilidad de aquellos a los que el tiempo aún no persigue. Pero, a pesar de la aparente indiferencia que demuestran, algunas preguntas bastan para despertar en ellos opiniones que defienden con una vehemencia: le temen al futuro; los aburre estudiar, pero saben que es la llave del progreso, y creen (sí, sorprendente) que el sistema educativo es demasiado permisivo.

Si el objetivo es elaborar un perfil del estudiante, hay que empezar por el principal paseo público de la ciudad, donde se congregan cientos de chicos ¿Qué piensan sobre el amor, el estudio, el trabajo, el futuro, la tecnología y el sistema educativo? ¿Cuáles son sus ideales?

Ayelén y Jonathan tienen 14 años. Ella va a la escuela José Mármol y él, a la Irigoyen. Discuten cada respuesta y da la impresión de que se presumen. Ayelén sostiene que el amor le parece importante, pero que, como no tuvo buenas experiencias, está desilusionada. El le responde que lo más importante es el estudio. "Porque te va a permitir ser alguien", afirma. Aunque les cuesta ponerse de acuerdo, coinciden en que el celular es fundamental. "Si no tenés uno, no tenés amigos, porque no te podés comunicar con nadie", aclara ella tajante.

Tiene 17 años, pero sus respuestas parecen las de una chica más grande. Julieta está parada junto a uno de los bancos que se encuentran en la vereda que da a Laprida primera cuadra. Sostiene una carpeta de tapas grises sobre el pecho, como si se estuviera protegiendo de algo. Sus objetivos son claros: terminar el colegio (va al Nacional), estudiar una carrera y empezar a trabajar cuanto antes. "El trabajo es sinónimo de independencia, pero la única manera de llegar a eso es estudiando mucho", aclara.

Claudia tiene la misma edad que Julieta. Sentada en un banco aún tibio por el sol de la tarde, se queja del sistema educativo. "Yo no estoy conforme. Nos dan muchas facilidades y, entonces, no aprovechamos las materias. Esto tiene que cambiar", se despacha ante la mirada de sus amigas.

A pesar de que algunas chicas lo observan, Fernando endereza sus 15 años y reconoce que tiene miedo. "Yo quiero trabajar, porque quiero formar una familia. Pero está todo muy difícil y no sé si voy a poder conseguir un buen trabajo", admite. Junto a él, Carolina, de la misma edad, explica que los problemas que a ella la preocupan son los ambientales y la pobreza. "Cuando trabaje quiero hacer algo para cambiar estas cosas", se enorgullece. La noche cae sobre la plaza. De a poco, los chicos empiezan a irse y los bancos quedan vacíos. Se aburrieron de contestar preguntas. Lógico: faltan apenas unas horas para que empiecen a festejar su día.