Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

El viernes a la noche, en Tafí Viejo, un grupo de madres caminó por las calles para contar qué es lo que más les duele y para gritar sus padecimientos. Guardaron la vergüenza en la cartera y mostraron descarnadamente el sufrimiento, porque sus hijos le obedecen más a la droga que a ellas.

Algo parecido hicieron hace un año las madres de chicos de la Costanera.

Hace una semana, exactamente, se conoció que una mamá había tomado coraje y desde un celular filmó como un preso salía a la puerta de la comisaría de El Manantial, supuestamente para vender droga a un adolescente.

Hace más de un año el legislador Hugo Balceda sugirió que existía un vínculo entre los que venden droga y los punteros políticos. Sus dichos le costaron el ostracismo político. Sus pares no fueron a preguntarle de qué se trataba sino que lo mandaron a cuarteles de invierno. Preso de sus palabras terminó en la Justicia Federal. En los tribunales de Las Piedras y Congreso, en el juzgado de Daniel Bejas, más precisamente manifestó: "Al juez le dije que hay connivencia entre el traficante y personas que están en el Estado. Con esto quiero decir que algunos policías o personal de la administración pública tienen responsabilidad en el incremento del consumo de droga, no la clase política".

A Balceda lo trataron con los más curiosos epítetos. Inclusive, como se (lo) había apartado del bloque oficialista, hasta cobraba menos plata en esta millonaria Cámara. El gobernador, José Alperovich, y el vice, Juan Manzur (ahora licenciado), minimizaron las expresiones de Balceda. Pero el legislador sureño tenía razón.

Un año y cinco meses después aparece este caso donde los hermanos Achén, que habían quedado presos por una causa de drogas, eran niños mimados dentro de la comisaría de El Manantial.

¿Qué diferencia hay entre lo que dijo Balceda en aquel entonces y lo que pasaba en esa dependencia policial? Ninguna.

En Tafí Viejo las madres que dan vuelta por las calles en busca de que alguien amortigüe su dolor, tienen datos parecidos. Cuentan que habría también un video en el que se muestra a uno de los vendedores repartiéndoles muerte en pequeñas dosis a alborotados adolescentes. Inclusive, existiría el testimonio de un jovencito que, en el mismo instante en el que estaba comprando droga, presenció que sus "dealers" recibieron un llamado: les avisaban que se estaba por producir un operativo. Y, lo curioso (grave o preocupante) es que el operativo se habría producido.

El lado flaco del PE

Cuando LA GACETA dio a conocer lo que estaba pasando en la Costanera, la primera reacción del gobernador de Tucumán fue advertir que esto no sólo pasaba en las zonas más pobres sino también en las bacanales de las casas de gente adinerada. Se preocupó por marcar una diferencia social antes que por atacar un mal que atraviesa todas las capas de la sociedad.

De todos modos, siempre reconoció que el tema era un problema que debían combatir todos -sin distinción de roles- y también aceptó que no sabía bien cómo enfrentarlo.

Alperovich es un jefe al que sus más cercanos admiran porque antes que cualquier cosa él defiende hasta lo indefendible. Ya quedó claro cuando la Fundación Salud quiso sacarle $ 800.000 al Estado con el aval -y la firma- del ministro de Salud Pablo Yedlin. En todo momento, el mandatario le dio su respaldo a sabiendas que su ministro estaba en falta. En este caso ocurren cuestiones parecidas. El mandatario fue alertado tanto por Balceda como por las madres y como por la prensa misma. Afloró la impotencia y tuvo que ser una mamá destruida la que le puso el pecho a las balas.

La ilegalidad permitida

Una confusión parecida se vive a diario en pleno microcentro de la ciudad. El gobernador llegó a hacer que los vendedores ambulantes desobedezcan una orden judicial que disponía que hubiera cuatro por cuadra. Luego se acató y el respeto a la ley duró unos meses. Pero más grave aún es la venta ilegal de cd truchos. No se trata de pasar por arriba la venta ambulante, sino de una banda de delincuentes que se encargan de grabar copias ilegales y que se burlan de los que respetan la ley y de los derechos de autor, y que cuentan con la mirada cómplice de las autoridades. Es un verdadero fracaso de las fuerzas policiales y del Ministerio de Seguridad no poder descubrir el primer eslabón de la cadena de este monumento de la impunidad que es la venta de cd y dvd falsos. Es obvio que también cuenta con la complicidad de quienes deciden adquirirlos sin importarles nada.

Alperovich podría decir que esta es una cuestión municipal, pero cada vez que quiso se hizo cargo de los temas de la Capital.

Hay pocas razones para entender porque mientras se hacen esfuerzos para combatir las evasiones impositivas, al mismo tiempo se hace la vista gorda cuando los amantes de la ilegalidad ponen a la venta toda una aceitada estructura para dañar la industria del cine y de la música.

A juzgar por el desinterés del aparato administrativo estas son cosas banales ante la trascendencia de hacer obras.

La calidad de vida y el respeto por las normas no están escindidas. Son dos caras de la misma moneda y una obligación para los responsables de gobernar.

En estos últimos años de gestión ha habido una preocupación central por cuidar los reductos que generan votos. La iniciativa ha sido a cualquier costo. Aún alterando equilibrios y apañando acciones delictivas innecesariamente.

Por eso no es de extrañar que la preocupación desde ayer hasta agosto del año que viene pase por revalidar títulos en las urnas. Por eso las palabras de Balceda no tienen importancia y los desbarajustes de la seguridad es mejor dejarlos bajo la alfombra, por lo menos hasta los comicios.

Las paredes son el mejor testimonio. Ya hay guerras nocturnas para tener unos centímetros cuadrados más de pared. Aunque algunos partidos de la oposición se muestran, la mayoría son del oficialismo. Es que a José Alperovich le gusta esa batalla e incluso se divierte controlando que el nombre de quien se promociona siempre vaya acompañado por el del propio gobernador.

Juan Carlos Mamaní, Armando Cortalezzi, Fernando Juri, Heredia (madre e hijo) Alito Assan, Santiago Cano y Germán Alfaro son algunos de los que ya marcaron territorios en la Capital.

En Yerba Buena, el legislador Reinaldo Jiménez, quien todavía no adquiere autonomía y sigue siendo el hijo de "Pirincho", puede leer su nombre en letras de moldes. En las pintadas aparece junto al actual concejal José Marrades, quien se presenta como candidato a intendente, en un intento por sacar de la casilla del medio a Daniel Toledo.

En la Capital sigue dando vueltas cómo será la lista "bajas calorías" que quiere imponer el gobernador. La mayoría serán figuras importantes para Alperovich y, que además, no traigan conflictos ni discusiones con los caciques barriales. En la última sesión se comentaba que quien mejor se ajustaba a ese perfil para encabezar la nómina era nada menos que la legisladora Susana Montaldo.

Cruzando la cordillera

En medio de estas contradicciones institucionales y de tantas ambiciones personales, la semana se despide con una imagen que viene del otro lado de la Cordillera de los Andes.

Por aquellos lares, los mandatarios que supieron conducir los designios de la patria se agarraron de las manos y levantaron la bandera chilena. Tenían un justificativo insoslayable: Chile cumplía 200 años. Hace pocos meses la Argentina vivió un episodio idéntico, pero sus ex presidentes no sólo no pudieron reunirse sino que no pueden ni verse. Demasiados odios y broncas subyacen entre los principales dirigentes argentinos como para crecer tranquilamente. Y ya se sabe: tanto va el cántaro a la fuente...