En la antigüedad, ocupaban un rol muy importante. En la Grecia clásica, integraban el senado (senex: antiguo, anciano). En Esparta, existía la Gerusía, un consejo de 28 ancianos mayores de 60 años, cuya función era legislativa; decidía la guerra y la paz y poseía atribuciones judiciales en caso de homicidio. Platón abogaba por la gerontocracia porque creía que en la vejez se reunían más conocimientos y las personas se acercaban a la verdad. El anciano integraba también el sanedrín, el consejo supremo de los judíos, en el que se trataban y decidían los asuntos de estado y de religión.
Pero los tiempos han cambiado considerablemente. A diferencia de algunos países desarrollados donde los viejos gozan de merecidos privilegios, en países como el nuestro sucede a menudo lo contrario. La mayoría de los adultos mayores son empujados a retirarse apenas cumplen la edad y los años de servicio que estipula y con frecuencia son desplazados o marginados en las empresas, en lugar de aprovechar su experiencia.
En un gesto inusitado, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán decidió honrar a cuatro profesionales destacados designándolos promotores de lo que en un futuro inmediato será el Consejo de Maestros de la Educación médica de Tucumán. Se trata de Elsa Moreno, Recaredo Valderrábano, Jorge Bianchi y Alfredo Coviello. Todos cuentan con una importante trayectoria y son jubilados de la UNT.
En los fundamentos de la resolución de la Facultad de Medicina, se indica que una casa de altos estudios que "busca la excelencia no puede aceptar que notables cuadros académicos, científicos y profesionales en situación de retiro, guarden un nostálgico recuerdo del claustro docente". "Contrariamente, debe diseñar mecanismos que instituyan espacios de interrelación entre los antiguos maestros y las cohortes de noveles estudiantes. Será una estimulante experiencia de vida para un joven el interactuar directamente con las personas que marcaron rumbos -agrega el texto- en el conocimiento y la institución y que escribieron muchos libros que el alumno consulta".
En otro tramo del escrito, se indica: "Se considera invitar a los mayores notables, a los maestros de la enseñanza de la medicina a reincorporarse al claustro universitario para día a día pensar y repensar con sus colegas y discípulos la Facultad de Medicina del siglo XXI, conformándose así un espacio destinado a facilitar el diálogo de comunidad educativa con ellos, reconstituyendo un vínculo orgánico. Esto, en la convicción de que esta casa adeuda mucho a sus mayores notables y bajo el imperativo ético de generar todos los espacios posibles de socialización y discusión académica en un marco de respeto a la persona y a la libertad de expresión".
Nos parece un iniciativa encomiable porque integra a aquellos médicos que han pasado una buena parte de su vida no sólo formando estudiantes, sino también capacitándose en forma constante y en muchos casos, volcando sus conocimientos en libros y publicaciones científicas. Esta acción podría ser imitada por otras facultades, universidades o por las instituciones públicas o privadas en general. En la medida que nuestros mayores sigan participando a través de sus ideas y de su voz en el desenvolvimiento de las entidades u organizaciones de distinto tipo, será un modo de reconocerlos como se merecen. "Por eso son loables todas aquellas iniciativas sociales que permiten a los ancianos, ya el seguir cultivándose física, intelectualmente o en la vida de relación, ya el ser útiles, poniendo a disposición de los otros el propio tiempo, las propias capacidades y la propia experiencia. De este modo, se conserva y aumenta el gusto de la vida, don fundamental de Dios", escribió Juan Pablo II en su carta a los ancianos en 1999.