BRASILIA.- A dos semanas de las elecciones generales, el anuncio de un nuevo escándalo de corrupción en el seno del Gobierno obligó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a redoblar sus ataques contra la oposición. Asimismo, la candidata oficialista Dilma Rousseff trató de distanciarse de esos hechos que tiñen su imagen en momentos en que las encuestas le son altamente favorables.

Según la revista "Veja", que destapó el escándalo que obligó a renunciar a la hasta esta semana jefa de Gabinete, Erenice Guerra, el asesor de esta, Vinicius de Oliveira Castro, recibió U$S 116.000 en un paquete depositado en el cajón de su escritorio del Ministerio. La publicación, que menciona a un amigo de Vinicius y al tío del asesor y ex director de Correos, Marco Antonio Oliveira, señala que al menos otras tres personas del Ministerio recibieron la suma como "cuotas" del proceso de compra del Tamiflú, la medicina usada en el trato de los casos de gripe A. Fuentes del Gobierno dijeron que no hubo ninguna participación del Gabinete Civil en el proceso de adquisición, que costó U$S 20.000 de un total de U$S 240.000 invertidos en el combate a la pandemia.

En familia

La revista también dice que el marido de Erenice Guerra, que por entonces era subordinada de Rousseff, también participó en el tráfico de influencia que llevó a su dimisión hace cuatro días. El hijo de ambos, Israel Guerra, es a su vez sospechoso de ser socio de una empresa creada exclusivamente para vender acceso fácil a los altos escalones del Gobierno y de nombrar amigos durante la gestión de Rousseff como jefa de gabinete. Esta dijo ayer que desconoce el texto del reportaje de "Veja", pero que en sus 25 años de vida pública no se produjeron prácticas ilegales.

Un millón de casas

Entre tanto, Lula arremetió contra la oposición al afirmar que cuando estuvo en el gobierno trató a la población más humilde como "ganado", y reclamó a los medios de prensa neutralidad a esta altura de la campaña. "Yo conozco por mis orígenes lo que fue la falta de respeto que hubo hacia el pueblo durante décadas, en las que los gobernantes apenas miraban a los que no necesitan del Estado. Y los que necesitaban de ayuda del Estado eran llevados a las periferias de las ciudades, como si fueran ganado. Esto se terminó", dijo Lula durante la entrega de un conjunto habitacional del plan oficial Mi Casa Mi Vida, que entregará este año un millón de viviendas a la población más pobre. Sin citarlos, afirmó que sus antecesores tuvieron un comportamiento hipócrita por haber dejado de invertir en saneamiento básico. Antes, dijo, los gobernantes hacían puentes o viaductos "para ponerles el nombre de su madre, de su padre. Creían que enterrar una cloaca no le daba voto, porque no se veía". El gobierno de Lula tiene el 79% de apoyo popular, según encuestas. (DPA)