Capas de cultura originaria, heredada, impuesta, fabricada y emergente; capas de cultura combinadas con capricho e inteligencia sedimentan en el continente artístico hispanoamericano. La música de Yusa (La Habana, 1973) viene de ahí, de ese surrealismo histórico amorosamente entendido, de una aprehensión dócil y alegre de la diversidad. Una yuxtaposición de Bach, Wagner y Tchaikovsky con la impronta del teatro, y el abolengo estructural de la rumba y el chachachá la catapultó al escenario cubano y de la isla al mundo; al vientre porteño argentino; y el jueves, por fin, a Tucumán.
Si la intangibilidad ocupase un lugar en el espacio, Yusa y su guitarra no habrían cabido en la sala comprimida de El Árbol de Galeano. Porque en la presentación de la cantautora negra con pelo rizado hay un fondo de sabiduría adquirida en el conservatorio; letras inspiradas en el portugués Pessoa; rigurosidad aprendida con maestras rusas; rima consonante y verso libre; movimiento sensual de ojos y extremidades inferiores (las manos, claro está, no paran de puntear); oportunos silbidos; comicidad histriónica, verborrea con entonación caribeña y una voz potente con terminaciones suaves, batalladora voz para batallador canto.
Saeta victoriosa
Tanta entrega debía derivar en compensación. Y así fue: la complicidad con el público tucumano se estableció velozmente; quizá en la mitad del tercer tema ("Walking heads", del disco "Haiku" -2008-) ya eran todos viejos conocidos, como si el Malecón quedase al oeste de Yerba Buena y la plaza Independencia fuese una prolongación sudamericana de la Plaza de la Revolución. Dijo Yusa que aquella canción hablaba de cierto pudor para nombrar las cosas, pero su recato no es ni por asomo tímido o anodino, al menos a la luz del estribillo: "there is no answer in the room, just walking heads" ("no hay respuestas en la habitación, sólo cabezas caminantes").
La efectividad de un primer recital también depende de la sensibilidad para tomar el centro por asalto y, una vez allí, despachar encanto. La cubana se sintió en su salsa haciendo su música heterodoxa (¡hasta trajo una versión de chacarera sin bombo legüero!) como glosándose a sí misma con coloquial registro. Contó, por ejemplo, que escribió la letra de "Noticia" pensando en las cosas que pasaban mientras intentaba concentrarse en la música clásica. "Todo lo que sucedía era importante, por eso la titulé así", apuntó embargada de pasado para dicha y envidia de los que nunca alumbraron una melodía.
La interacción prosiguió con coros y tarareos almibarados. Sobresalió la colaboración de la audiencia en "Quédate" -incluido en el flamante álbum "Yusa Vivo"-, donde una y otra confluyeron en una sintonía transparente. Ella con su "yo te regalé mi cielo, el olor del aguacero cuando empapada en el suelo tú mirabas el reloj"; ellos con su "quédate, son para ti los latidos de mi corazón; por ese sentimiento intenso que ahora vive en mí, quédate no me abandones hoy". La comunión llegó al éxtasis con una conga que levantó las osamentas de sus asientos. El personal brincó convencido y los "salticos" de aprobación catapultaron a la saeta habanera a Jujuy, próximo objetivo de su venturoso itinerario internacional.
Si la intangibilidad ocupase un lugar en el espacio, Yusa y su guitarra no habrían cabido en la sala comprimida de El Árbol de Galeano. Porque en la presentación de la cantautora negra con pelo rizado hay un fondo de sabiduría adquirida en el conservatorio; letras inspiradas en el portugués Pessoa; rigurosidad aprendida con maestras rusas; rima consonante y verso libre; movimiento sensual de ojos y extremidades inferiores (las manos, claro está, no paran de puntear); oportunos silbidos; comicidad histriónica, verborrea con entonación caribeña y una voz potente con terminaciones suaves, batalladora voz para batallador canto.
Saeta victoriosa
Tanta entrega debía derivar en compensación. Y así fue: la complicidad con el público tucumano se estableció velozmente; quizá en la mitad del tercer tema ("Walking heads", del disco "Haiku" -2008-) ya eran todos viejos conocidos, como si el Malecón quedase al oeste de Yerba Buena y la plaza Independencia fuese una prolongación sudamericana de la Plaza de la Revolución. Dijo Yusa que aquella canción hablaba de cierto pudor para nombrar las cosas, pero su recato no es ni por asomo tímido o anodino, al menos a la luz del estribillo: "there is no answer in the room, just walking heads" ("no hay respuestas en la habitación, sólo cabezas caminantes").
La efectividad de un primer recital también depende de la sensibilidad para tomar el centro por asalto y, una vez allí, despachar encanto. La cubana se sintió en su salsa haciendo su música heterodoxa (¡hasta trajo una versión de chacarera sin bombo legüero!) como glosándose a sí misma con coloquial registro. Contó, por ejemplo, que escribió la letra de "Noticia" pensando en las cosas que pasaban mientras intentaba concentrarse en la música clásica. "Todo lo que sucedía era importante, por eso la titulé así", apuntó embargada de pasado para dicha y envidia de los que nunca alumbraron una melodía.
La interacción prosiguió con coros y tarareos almibarados. Sobresalió la colaboración de la audiencia en "Quédate" -incluido en el flamante álbum "Yusa Vivo"-, donde una y otra confluyeron en una sintonía transparente. Ella con su "yo te regalé mi cielo, el olor del aguacero cuando empapada en el suelo tú mirabas el reloj"; ellos con su "quédate, son para ti los latidos de mi corazón; por ese sentimiento intenso que ahora vive en mí, quédate no me abandones hoy". La comunión llegó al éxtasis con una conga que levantó las osamentas de sus asientos. El personal brincó convencido y los "salticos" de aprobación catapultaron a la saeta habanera a Jujuy, próximo objetivo de su venturoso itinerario internacional.