Historia
LOS ROSTROS DE ALBERDI
CARLOS PÁEZ DE LA TORRE (H)
(Fundación del Tucumán -
Tucumán)
Cuando Thomas Carlyle, sagaz crítico que dejara páginas emblemáticas sobre los personajes de su época, mencionó que frecuentemente ha visto que el retrato es, en información real, superior a media docena de biografías escritas (acotando que esas imágenes nos encaminan a una visión más humana del protagonista), destacó la importancia que tiene el apoyo iconográfico en este género histórico.
Carlos Páez de la Torre siempre lo comprendió así y, en consecuencia, su obsesión en la búsqueda del documento gráfico ha sido un target primordial en la concepción y evolución de sus trabajos. En este caso, ha dirigido su objetivo a Alberdi y, en su bicentenario, ha logrado coronar, redondear brillantemente -así como humanizar- toda la información que se viene produciendo sobre el prócer con motivo de tal conmemoración.
Con 25 retratos de diversa extracción tecnológica, y unas amenas pero profundas y sensibles palabras sobre cada uno de los ejemplos, logra configurar un libro pequeño en sus dimensiones pero absolutamente imprescindible para toda biografía que en adelante se pudiera emprender sobre nuestro gran pensador.
Se trata, de retratos obtenidos durante la vida del prócer y, con sus inevitables desigualdades en captación y técnica, cada uno tiene su interés especial y aporta al conjunto descripto por el autor con la clara y sagaz pluma a la que nos tiene acostumbrados.
Desfila el pensador con diferentes atuendos, según la moda, a la cual respetó siempre y que lo ambientó en cada etapa. Como en un teatro, se pueden ver las variables de los atuendos, de los cortes de pelo y el uso de aditamentos pilosos en patillas, barbas, bigote o la minúscula "mosca" que adoptara hacia 1851.
Pasan los años y la frente se amplía, los mechones se hacen más ralos, las facciones adquieren líneas marcadas y francas, conservando siempre un halo de melancolía o preocupación que destaca el autor. Inquiere con detención taxonómica cada rasgo, cada gesto adecuándolo al momento de su captación. Es una suerte de corredor de espejos que nos lleva de la mano del investigador para adentrarnos fluidamente en la trayectoria de los avatares de la vida del protagonista, que se deja captar como en una "cámara oculta" con todos sus sentimientos, preocupaciones y aspiraciones que responden a cada momento de su complicada aunque brillante existencia. Como un aporte para abrir una picada, me refiero al retrato número 19. inicialado "A.M". al que Alberdi calificara como un "buen retrato mío", realizado hacia 1874. Se podría tratar de una obra de Aquiles Maveroff quien en 1867 se asociara a los famosos hermanos Fusoni, incorporando su apellido a esta empresa tan conocida en Buenos Aires.
Este libro es un aporte sustancial al conocimiento del pensador de nuestra República, cuyas bases se encuentran tan diluidas por los embates del pragmatismo político de la hora.
© LA GACETA
Celia Terán