Hasta cuando hay conflictos en la educación, Argentina es un país partido. En Buenos Aires, alumnos de las escuelas públicas y estudiantes de la UBA que reclaman mejoras edilicias, han convertido a la Reina del Plata en una ciudad sitiada. Ante tamaña convulsión social juvenil en el más privilegiado de los distritos argentinos, cabe preguntarse por qué hay estallidos de secundarios y de universitarios en la ciudad autónoma, y no -salvo excepciones- en otras jurisdicciones. La rebelión de las escuelas de la ciudad, quedó en claro, apuntó al macrismo en el poder; y el kirchnerismo, que aprovechó la movida para arrimar agua a su molino, no esperaba que un grupo de izquierda que lidera la UBA saldría a nacionalizar el conflicto, pidiendo más presupuesto universitario.
En Tucumán, salvo el paro de los docentes universitarios y la marcha de los secundarios que salieron a la calle para conmemorar la Noche de los lápices y reclamar por el boleto estudiantil, parece haber calma chicha. En este país tan poco federal, ¿el paraíso se mudó en el mapa? ¿O la convulsionada coyuntura política no permite discernir cuánto hay de oportunismo en ciertas protestas masivas y cuánto de complicidad estratégica hay en los silencios?
En la Universidad Nacional de Tucumán, los $ 500 millones que llegaron por regalías de Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio (YMAD) han permitido mejoras edilicias sustanciales. Ello no anula, sin embargo, el reclamo pendiente de una auditoría externa sobre el modo en que se gastó todo el dinero invertido hasta ahora.
Pero sobre ese reclamo hay "silencio de radio": más aún, si alguien se hubiera dispuesto a fogonearlo, esa voz debería haber surgido desde alguna de las dos cámaras parlamentarias nacionales. Sin embargo, tanto el rector, Juan Cerisola, como su secretario económico financiero, Luis Sacca, han encontrado hasta en el Frente para la Victoria más aliados que potenciales investigadores. Hace menos de un mes, ambos lograron del kirchnerismo (vía Agustín Rossi y Aníbal Fernández, con Gerónimo Vargas Aignasse como "abrepuertas") un refuerzo de $ 50 millones. Esta semana, la "reunión cumbre" entre Ricardo Alfonsín y Julio Cobos, que tuvo como anfitrión al radicalismo tucumano y que posicionó al senador José Cano para la carrera de gobernador, envalentonó a los radicales que hoy manejan la UNT. Pero no sólo Cano sabe de la importancia de la UNT como espacio de construcción electoral. Si hasta el ascendente consejero superior por los no docentes Hugo "Zurdo" Morales, que reina en Construcciones Universitarias, mandó, como "globo de ensayo", hacer pintadas en los alrededores de la ex Quinta Agronómica y del club Central Córdoba, que administra su amigo Rubén Urueña. En cuanto a Cano, para una eventual carrera hacia la gobernación, necesitará de Sacca, que administra la caja financiera de la UNT. El actual secretario administrativo financiero de la Universidad, que en un comienzo habría amagado un acuerdo con Roberto Palina, por fuera del radicalismo, para acceder a una banca, se decidió por la interna de la UCR, y presentó anoche en sociedad, con otros socios, la línea Angel Gerardo Pisarello.
Todos los franjamoradistas, los de hoy y los de antes, usufructúan a la UNT como plataforma de largada. Y hay áreas que capitalizan más que otras, como la Secretaría de Bienestar Universitario, que condujo el procesado ex titular del área, Ramiro Moreno. En esa dependencia se definen cuestiones tales como las becas estudiantiles, los viajes de los alumnos y las "ayudas" para las campañas electorales estudiantiles. Y allí reviste como coordinador un "paladar negro" de Cerisola, el ex consejero superior Juan Pablo Getar. Cuando al Consejo Superior lo manejaba la oposición, él defendía la gestión de Cerisola con lealtad filial. Ahora le llegó el reconocimiento. En verdad, numerosos franjistas de Ciencias Económicas (y algunos ex franjistas y peronistas cercanos al decano de Derecho, José Luis Vázquez) tallan en esta conducción en la UNT.
Previsiblemente, la UNT será, en los próximos meses, un semillero de candidatos electorales, en estos comicios en los que el radicalismo, tan devaluado en los últimos años, vuelve a ofrecerse como una alternativa de poder.