Imagine usted, lector, que un buen músico dedica las dos horas de un recital a interpretar canciones que -algunas a flor de piel y otras bien en el fondo de las melodías y de los arreglos- poseen el filo del bisturí lo suficientemente agudo como para hacerle sangrar los recuerdos. Imagine que lo sopla con el viento de las noches de verano de su niñez, que lo empalidece con la luz de la luna que guió sus madrugadas adolescentes y juveniles, que le repite esas historias que, por mínimas y personales, alimentan el fuego de su vida... Si además de este cronista hubo algún otro jujeño en la sala Orestes Caviglia, el virtuosismo de Gustavo Patiño debe haberle puesto, como mínimo, la piel de gallina.
Patiño es un poliintrumentista que, a pesar de haber nacido en Lima (provincia de Buenos Aires), se califica a sí mismo de jujeño. Desde chico vive en Tilcara y parte de su repertorio refleja aspectos de la vida cotidiana en la Quebrada de Humahuaca. Pero lo que más impacta al público durante los recitales es su capacidad para interpretar una gran variedad de instrumentos (la mayoría de viento y de origen andino).
Para tener una idea de lo que fue la presentación de Patiño en el Caviglia, basta con decir que apareció en el escenario haciendo tronar un erke (esa caña larguísima que suena como un quejido de dolor del cerro) y que terminó dos horas después interpretando una cumbia que trata de la tremenda epidemia de cólera que desangró a Jujuy hace más de 15 años (fue el segundo de los tres bises). En el medio desgranó melodías tan mágicas como "Escultor de sueños", con ocarina y moxeño; "Danza de las estrellas", inspirada en las noches de invierno de Tilcara; y la alegre y cómica marinera peruana "Cholito pantalón blanco" (el estribillo repite una y otra vez: "que dichosas son las pulgas que se suben a tu cama a gozar de tu hermosura de la noche a la mañana).
Al interpretar "Por el cerro Negro", la boliviana "Tonada para Remedios" y la saya "Luz de mujer", Patiño generó un huracán de recuerdos de carnaval. El público (ocupó poco más de la mitad de la sala) se puso de pie para bailar y lo único que faltó para convertir el Caviglia en una peña humahuaqueña fue el talco, el papel picado y el vino cortado con gaseosa.
La crítica: Patiño (grabó los aerófonos del disco "Servicio de lavandería", de Shakira) se destaca por su calidad para tocar instrumentos de viento. Sin embargo, el concierto del sábado estuvo repleto de sonidos de guitarras (incluso con distorsión). Ojo: es válido, pero quizás el público haya estado esperado algo más andino.
El cierre fue una sorpresa: arremetió "Guantanamera" con un estilo bien rocanrrolero. Más allá de este viaje a Cuba, Patiño se bajó del escenario después de haber derrochado dos horas de virtuosismo y recuerdos carnavaleros.