Cuesta creer que quien fue elegido como defensor del Pueblo un par de horas antes esté sentado sin más que unos cuantos apuntes en la mesa de un bar. Daniel Posse, ombudsman desde las 13.16 por decisión de la Legislatura, a las 15.30 remueve un cortado con una mano y subraya fotocopias sobre derechos humanos con la otra. Es el tema de la clase que, a las 16, dará a estudiantes de abogacía en la UNT.
Su semblante denota fatiga, y su voz pausada y monocorde para nada condice con el perfil de un funcionario que acaba de ser honrado con el cargo de mayor jerarquía en su carrera política. En rigor, la entrevista con LA GACETA dará vueltas alrededor del perfil que pretende imprimirle al organismo y de las críticas de la oposición hacia su elección, atento a su sello de funcionario alperovichista. Sin embargo, Posse no alterará ni un segundo su hablar cansino, casi despreocupado.
- Apenas abra la puerta de su despacho, ¿qué es lo que hará?
- A la Defensoría hay que hacerla más ágil; está bien, recibió muchísimas denuncias y amplió su espectro, pero me parece que ahora hay que encontrarle la vuelta para que esas denuncias que formula la gente sean respondidas eficazmente por los organismos a los que se denuncian. Para eso, creo los organismos más conflictivos deben poner una persona en la Defensoría. Por ejemplo, que el PAMI o la Anses dispongan una persona de enlace. La idea es que no generemos tantos papeles, sino más resultados. Cuando una persona llega es mejor que se vaya con una respuesta que con un signo de interrogación. También trataré de que la Defensoría no sea tan capitalina. Quiero volver a abrir las receptorías en el interior. Cuando uno acerca los organismos del Estado a la gente crecen exponencialmente los reclamos. La idea no es construir una muralla para que la gente no llegue; al revés, acercarla para que llegue.
- La cuestión ambiental adquirió muchísima relevancia...
- Sabemos que estamos flojos porque no se mejoró sustancialmente la calidad del medio ambiente; se sigue contaminando el dique El Frontal... Son cosas que se deben mejorar y para eso hay que trabajar al lado del Ministerio de Desarrollo Productivo. Es una cuestión pendiente, no digo que en cinco años se resolverá, pero tiene que haber un avance muy fuerte en esa materia.
- ¿Cómo toma las críticas por su procedencia alperovichista?
- Ser funcionario de este Gobierno me genera un enorme orgullo; más allá de que mucha gente sea crítica, eso no se expresa en las urnas. Fui siete años funcionario y creo que este fue, de los últimos 40 años, el Gobierno más exitoso en materia de gestión. Obvio, sabemos que tenemos muchísimas cuentas pendientes, como trabajar en los recursos humanos y en una reformulación profunda del Estado. Pero no hay ninguna inhibición legal para que yo sea defensor del Pueblo, y en el derecho comparado argentino tampoco hay muchas defensorías en donde aparezca esa inhibición, ni siquiera en la Nación. Hago el siguiente razonamiento: el gobernador mismo, si fuese abogado, podría aspirar a ser un miembro del Poder Judicial. Por eso, no hay ningún argumento sólido para que sea refutada mi presencia en el cargo.
- ¿Pero no cree que a nivel personal su procedencia política puede influir en su labor?
- Tengo muy buenos amigos en el PE, empezando por el gobernador. Al comienzo voy a trabajar hablándolo por teléfono o de manera informal, pero tampoco eso quiere decir que me inhiba de tratar los planteos que lleguen o las denuncias que haya que introducir. No tendré ninguna traba ni limitación. Insisto, se debe agilizar la tarea, y para eso deben trabajar todos los organismos del Estado coordinadamente. Cuando digo que se debe reformular el Estado, es porque siento que el Estado tiene compartimentos estancos, que cada uno tiene su gobierno chiquitito y que no hemos podido superar eso. En la medida en que el Estado tenga un trabajo más fluido entre sus áreas, mejoraremos la capacidad de respuesta.
- ¿Cómo se despolitiza un organismo al que se llega por un acuerdo político?
- No se si hay que despolitizarlo. Eso sí, no puede ser partidario porque eso sería grave. Todos los defensores vinieron de la política, y cuando estuvieron en la Defensoría jugaron un rol técnico.
- ¿No corresponde que el cargo sea para la oposición, como la Auditoría General de la Nación?
- No, porque nosotros no auditamos al Estado. La Defensoría tiene un rol más bien de recomendar, de peticionar modificaciones de políticas públicas, pero no tiene el rol de auditar cuentas públicas. No tiene por qué el defensor ser un enemigo del Gobierno; no está dicho en ningún lado y me parece que no debe ser así. Uno es eficaz cuando resuelve problemas, no cuando los complica más.