En todas las civilizaciones, el hombre se valió de la imagen (figura, representación, semejanza y apariencia de algo) para comunicar. Desde las pinturas rupestres hasta la fotografía, se intenta trasmitir un mensaje, aunque no siempre buscado. En el siglo XX, el nacimiento de la televisión potenció el poder de la imagen, que se ha convertido en una suerte de culto en la sociedad occidental, fuertemente estimulada por internet y su concepto de globalización. La moda (uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos) se fue adueñando peligrosamente de la escena y se convirtió en un estímulo importante para el consumo.
Los patrones de belleza fueron cambiando, a partir de los años 60 o 70. El ideal femenino se encarnó -más bien se descarnó- en las mujeres casi escuálidas, desnutridas, mientras que el prototipo de hombres pasó a ser aquel que se depila, que va a la manicura, usa cremas para la piel, definido como "metrosexual". Con el correr del tiempo y el permanente bombardeo publicitario, las modelos "palillo" se convirtieron en la imagen a seguir por miles de adolescentes y jóvenes. Basta ver una elección del concurso de Miss Universo, para ver las escasas posibilidades que tienen las jóvenes más rellenitas.
En ese marco, la bulimia (enfermedad psicológica cuyo principal síntoma es el hambre exagerada e insaciable) y la anorexia (falta anormal de ganas de comer, dentro de un cuadro depresivo, por lo general en mujeres adolescentes, y que puede ser muy grave) comenzaron a hacer estragos en la salud física y mental de las mujeres, en especial de las adolescentes y jóvenes. Según la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), en los centros especializados de todo el país las consultas por bulimia y anorexia aumentaron el 50% durante los últimos diez años. Un relevamiento que efectuó Aluba hace una década en colegios de nivel medio de Buenos Aires, Tucumán y de Santa Fe señalaba que el 9% de las adolescentes padecía bulimia o anorexia. La actualización del sondeo -difundido recientemente- indica que el 12% de los adolescentes sufre alguno de los trastornos.
Así como puede obtenerse buena información médica sobre la bulimia y la anorexia, también hay sitios que publicitan técnicas para disimular la delgadez, perder calorías, consumir fármacos y vomitar sin ruido. Se detallan estrategias para que los allegados no descubran las prácticas de ayuno a las que se someten. Según la coordinadora de Aluba en Tucumán, el acceso sin control a internet se ha convertido en uno de los factores influyentes para la propagación de la bulimia y la anorexia entre los menores.
No sólo ellos; también los adultos son bombardeados sistemáticamente por los medios de comunicación para que consuman o compren tal o cual cosa o adopten tal o cual moda. Los patrones culturales han girado hacia lo superficial, hacia el materialismo, hacia la imagen sin contenido; el tener o no tener pareciera ser la medida de lo que vale una persona. En ese marco, si no cuentan con la guía de los adultos, las niñas y las adolescentes son víctimas fáciles de estas propuestas que han llevado a más de una modelo a la muerte.
Sería bueno si se dictara en los ciclos primario y secundario una asignatura que tuviera que ver con la educación para la salud. Los chicos podrían tener argumentos propios para contrarrestar estas modas perniciosas. "Mi gran desafío fue empezar a quererme, a aceptarme como era y sentir que era valiosa. Sufrí mucho. Lo importante es hablar y buscar ayuda porque de esto sí se puede salir", una joven de 22 años. Comunicación entre padres e hijos y educación parecieran ser el camino para combatir la anorexia y la bulimia.