Las promociones comerciales son como los romances de estación: al principio gustan y atrapan, pero con el tiempo se van resquebrajando por el costo de la relación. Y eso es lo que sucedió con los planes a 50 cuotas sin intereses que, desde fines del año pasado hasta antes del Mundial de Fútbol, lanzaron las grandes cadenas, respaldados por los bancos, para alentar el consumo interno.

Antes lo fueron las 12 cuotas sin intereses con tarjetas de crédito; luego vino el tiempo de la reducción de plazos, a seis meses, pero conservando el beneficio de no abonar intereses. Y, posteriormente, el boom de las 50 cuotas, planes que la población aprovechó para renovar tecnología en el hogar (LCD, plasmas, netbooks o notebooks, entre otros productos) o para viajar a otras partes del mundo. En definitiva aquel tentador plan se reconvirtió por otras fórmulas que combinan plazos más cortos con descuentos, señala un artículo publicado por el diario "El Cronista". Y dos situaciones convergieron para que el fenómeno de "las 50" no se renovara: el alto endeudamiento de la población y la falta de permisos para la importación de artículos, en particular, los vinculados con el rubro electrónico, afirman los expertos consultados por LA GACETA.

Según la directora del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX), Victoria Giarrizzo, muchas cadenas comerciales alentaron el financiamiento de largo plazo como una manera de sacarse de encima el stock de productos que poseían antes de iniciarse el mundial de Sudáfrica. Pero la economista le agrega otro ingrediente que pesó sobremanera en las decisiones empresarias de frenar los créditos prolongados: la inflación.

"En una ecuación más fina, las grandes cadenas toman en cuenta el proceso inflacionario", sostuvo la economista. Por el lado del consumidor, Giarrizzo observó que tomó las fotografías del consumo que dejó el Mundial y hoy muestra una conducta más cauta frente a las promociones. "Además, conviene aclarar que la gente está más endeudada y, por ende, se le acabó cierto cupo para el financiamiento", apuntó.

Giarrizzo afirmó que, de una u otra manera, el mercado se ajusta a las condiciones económicas y, en ese sentido, acotó: "después de la fiebre del consumo de largo plazo, llegó la hora de pagar las cuentas". "Es cierto que la gente salió desmedidamente a comprar aprovechando las oportunidades. Tal vez sea verdad que buscó ganarle a la inflación, pero difícilmente le gane a los bancos", puntualizó.

Sin incentivos
En los grandes aglomerados urbanos, como Tucumán-Tafí Viejo, los incentivos para ahorrar son negativos y, por eso, tal vez la población se volcó de lleno al consumo de bienes durables, indicó Oscar Liberman, de la Fundación Mercado. Según el especialista, el plan de 50 cuotas, de algún modo, permitió licuar la inflación en ciertos productos que no son de fácil acceso para la población. "Pero el costo de entrada es altísimo", dijo.

Liberman fue quien comparó a los planes largos con los romances de estación. "Entre los empresarios que habitualmente apelan a estas herramientas de financiamiento existe la sensación de que, mientras más se aproxima el fin del año, más riesgo hay de que se modifique el valor del dólar", explicó. Y acotó: "las grandes cadenas están esperando que, desde el Gobierno, les den señales de que le dejarán entrar al país la mercadería para ofrecerlas, en cuotas al público, y -paralelamente- que le garantice cierta certidumbre cambiara". "Entonces, los planes funcionan de manera aceitada", finalizó.